Dr. Jorge T. Bartesaghi
Dr. Jorge T. Bartesaghi
28/7/17
28/7/17

Ni por trillado, ni por su muy amplia difusión en todos los foros sean estos políticos, sociales o simplemente de opinión, podemos evitar pronunciarnos sobre la postura adoptada por nuestro país en la reciente cumbre de presidentes del Mercosur llevada a cabo en Mendoza, relacionada con los episodios de actualidad que atormentan Venezuela.

Y lo hacemos porque nos produce tremenda indignación el ver que se tiran por la borda muchos años de bien ganado prestigio en los foros internacionales por la permanente actitud del país en  su política exterior.

Prestigio ganado por la coherencia de sus posturas siempre en defensa de la libertad y los valores esenciales a la democracia, cualesquiera hayan sido las coyunturas, circunstancias o el mismísimo poder de los países en disputa.

No tenemos la menor duda de que no existe una sola persona en este país, con un mínimo de información y raciocinio, que desconozca que el régimen imperante en Venezuela encabezado por Nicolás Maduro es una vulgar y grosera dictadura,

Así imponen calificarla sus presos políticos, el avasallamiento a los  poderes Legislativo y Judicial, las amenazas y régimen de terror, sus muertos, la intención de perpetuarse a través de una ilegítima reforma constitucional, y por si ello fuera poco, representada por quien más se parece y actúa como un orangután con bigote y no un Jefe de Estado.

Su histrionismo, desfachatez y desparpajo nos recuerdan ridículos personajes de otros tiempos, que imaginábamos desterrados de nuestra América Latina.

Nos preguntamos entonces ¿por qué nuestro gobierno hipoteca el bien ganado prestigio de Uruguay, generado a través de décadas de coherencia en el manejo de las relaciones internacionales?

Sabe el gobierno que a los ojos del mundo es inocultable la realidad venezolana, y que no puede encubrirse ni disimularse detrás de un mensaje que parece ser compasivo y esperanzador.

Y por supuesto que el presidente y el canciller son plenamente conscientes de esto.

¿Cómo no advertir entonces que a nadie convencería una tibia, frágil y vacua declaración que bajo el manto de una solidaridad americanista pretende esconder una realidad a todas luces evidente?

¿Por qué razón entonces se daña nuestro prestigio internacional generado a lo largo de décadas cerrando los ojos a una realidad de la que ya nadie duda?

Si dejamos de lado suspicacias y también ingenuidades aparece evidente una realidad que rompe los ojos: el gobierno teme, por sobre todas las cosas, las fracturas internas.

Sabe que buena parte del conglomerado no admitiría una declaración de condena a un gobierno con quien mantiene una afinidad ideológica y espiritual de grado tal que le hace cerrar los ojos ante atrocidades, desbordes y violación de derechos inalienables.

Y está dispuesto a pagar ese desproporcionado precio en aras de una unidad de conveniencia, cada día más débil y sin sustrato.

Lamentablemente quienes sentimos el orgullo de la orientalidad, quienes vibramos con los símbolos que nos identifican, quienes valoramos la libertad como la base sustancial del sistema de convivencia democrático y republicano, vivimos hoy la vergüenza de no haber respondido de acuerdo a nuestra identidad y nuestros antecedentes.

One thought on “Vergüenza nacional

  1. No decir más gre, gre, para decir Gregorio. Negocios muy turbios de Ancap, de las casitas prefabricadas, los software y la intervención de Aire Fresco como intermediario en negocios de petróleo están en juego si se pisa algún callo venezolano. ¿ qué es lo que quieren ocultar ?

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