Michael Castleton
Michael Castleton

En los primeros días de junio de este año que corre es posible que el mundo civilizado haya visto un cambio de eje en su conflicto con el Islamismo.

Nadie puede dudar de que hoy occidente está ante un nuevo embate de las fuerzas del Islam más reaccionario. ¿Lo más grave? Estamos perdiendo ese conflicto. No por la armas, no tanto por el terror empleado por nuestros enemigos, sino por el éxito en tantas áreas de nuestra propia sociedad occidental judeo-cristiana.

Por un lado la incuestionable aversión al uso de la fuerza y la violencia contra quienes nos atacan, fruto de años de prosperidad, relativa tranquilidad política y concomitantemente cambios demográficos fruto de lo anterior. Hoy la familia occidental se reduce, los nacimientos se reducen en directa proporción a los ingresos de cada familia y al bienestar social logrado por el capitalismo en el mundo civilizado.

Es así entonces que nos damos el lujo de admitir refugiados sin ton ni son. Admitimos refugiados con cargos de culpa por nuestro muy relativo ‘éxito’ no exigiéndoles nada a cambio. ¿Nosotros, occidente, para qué debemos ser los dadores y cuantos lleguen de África o medio oriente los receptores sin límite ni medida? Esta gente lleva sus desastres a cuestas, pero desastres tantas veces causadas por sus antediluvianas creencias religiosas, su total falta de cultura social y política y generalizando, es cierto, su ignorancia de todo lo que conlleva la vida en una sociedad civilizada.

En efecto, estas olas inmigratorias tienen hijos por doquier, explotan las leyes sociales de los países que los reciben pero, paradojalmente desprecian esas mismas sociedades que los cobijan queriendo imponer los mismos sistemas político-religiosos de los cuales escapan.

Todo este desquicio se refleja en medio oriente o quizás al revés. Pero el hecho es que Europa y el resto de occidente se ve sacudida hasta sus cimientos por los verdaderos embates socialmente calamitosos que recibimos de tanto Medio Oriente como de África, predominantemente del Mahgreb por cuestiones de cercanía.

Siria es el crisol de estos embates. Siria es donde las corrientes casi atávicas de la historia musulmana se encuentran. En un paralelo con la Europa de la pre-guerra del siglo pasado donde las grandes corrientes filosófico/políticas del momento se encontraron en la guerra civil de España, hoy Siria e Iraq cumplen el mismo rol ‘albergando’ la lucha entre las dos facciones del Islam que subyace absolutamente todo lo que sucede en esa curiosa expresión de fe.

La cuestión fue, es, y será hasta su dilucidación final entre Sunnis y Shías. Los Sunnitas siendo los seguidores del ‘oficialismo‘ entre los seguidores de Mahoma con el califato de Abu Bakr y sus sucesores en oposición a los Shia, seguidores de Alí, yerno y primo de Mahoma.

La funesta y salvaje organización que es Isis con su líder casualmente nombrado Abu-Bakr al Bahgdadi responden a la facción Sunni del Islam.

Las grandes potencias de cada bando, simplificando, son: Arabia Saudita y sus petrodólares para los Sunnitas e Irán para los Shia con sus petrodólares y su milenaria civilización Persa a cuestas.

De ahí surge lo que pueda ser el gran cambio en las conflictivas relaciones de poder y dominación en el mundo Musulmán.

El hecho de que Isis, la punta de lanza del Wahabismo saudita haya atacado directamente al centro del Sunnismo, Iran  su parlamento y el Mausoleo del Imam Kohmeini representa una cambio fundamental en el eterno conflicto Shia – Sunni.

Parecería ser que el conflicto se pudiera dejar de limitar a occidente y países menores del medio oriente y que se enfrentaran los verdaderos líderes de tan demencial enfrentamiento.

Esto podría tener ‘prima facie’ dos consecuencias, una más o menos buena y la otra mala o muy mala.

De continuar esta nueva estrategia entre las dos corrientes dentro del Islam podría implicar una merma en los ataques a occidente por parte de estos forajidos ocupados en su lucha religiosa. Eso sería lo bueno para nosotros. Lo malo, que fácilmente pudiéramos ver a corto plazo al Medio Oriente envuelto en llamas más grandes que al presente, e, incluso el peligro cierto de un enfrentamiento nuclear en esa zona.

Entonces si se consolidara este cambio de eje putativo en los conflictos levantinos y de cercano oriente quizás bajaría el nivel de tensión y conflicto en nuestros países lo cuál sería bienvenido. Como contraposición a esto podríamos ver aún más presión de refugiados y enormes problemas con el suministro de petróleo.

Lo que es seguro es que aunque el mundo seguirá siendo un lugar cada vez más complejo y más inseguro en el corto plazo si es que el Islam solucionara sus desafecciones internas quizás, solamente quizás, viéramos emerger una corriente social y religiosa más moderna, más madura, menos conflictiva para adentro y menos agresiva hacia afuera.

Posiblemente sea mucho esperar de estos pueblos y su ‘civilización’, pero occidente no tiene mucha otra esperanza si no hemos de sucumbir y vivir la probable desaparición de todas nuestras creencias y las mismas bases de nuestra civilización judeo-cristiana.

Esperemos que nuestros congéneres de oriente solucionen sus líos milenarios y encuentren una forma de convivir entre ellos, y, también, con nosotros en occidente.

Lo claro es que nunca esto se dará hasta que se defina el conflicto Shia – Sunni dentro del Islam.

Quizás, solamente quizás, el ataque de Isis en Irán sea un comienzo duro, cruel y cruento es cierto, pero comienzo al fin, de este proceso.

Dios quiera, Inshallah.

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