Ignacio Estrada Hareau
Ignacio Estrada Hareau

“Desde el punto de vista de la genética humana pienso que es de los que sabe más, aunque no tenga ese cartoncito”. Lo dicho por la Vicepresidenta Lucía Topolansky hace unos días sobre el polémico e inexistente título de Raúl Sendic, marca un contraste bien claro entre la visión suya sobre la educación, y la que tenemos en el Partido Nacional.

Para Topolansky un título es un “cartoncito”, no el resultado de esfuerzo, estudio, dedicación.

Para ella es indistinto si alguien tiene el cartoncito o no. Pero no es solo ella quien le da poco valor a la educación; es todo el gobierno desde hace varios años. “Educación, educación, educación”, “El cambio en ADN” y otros eslóganes se han vuelto comunes.

En los hechos la educación sigue sin rumbo, nada se toca (las marchas y contramarchas de la elección de horas son un ejemplo), los que saben y quieren (Filgueira y compañía) no están más y los que no saben y no hacen siguen liderando la educación muy tranquilos.

En educación el gobierno se ha manejado con una frivolidad asombrosa. La apuesta ha sido al talenteo. ¿Nos sirve apostar al talenteo?

Claro que no. Como país debemos apostar al “cartoncito”, entendido de forma amplia: no solamente títulos universitarios sino formación técnica, cursos cortos y demás.

Debemos invertir en la formación de nuestra gente. Precisamos ofrecer educación de calidad para nuestra juventud. En todos los lugares: en barrios humildes y no, en niñas y en adultos que precisan desarrollar nuevas habilidades para nuevos puestos de trabajo, en cárceles para rehabilitar personas para que puedan encaminar sus vidas. En todas partes: educación y formación.

Siguiendo el ejemplo de un país pequeño pero muy desarrollado como Singapur, que demuestra su compromiso con la educación hasta en sus billetes; estos, en vez de mostrar figuras históricas, muestran escuelas y la palabra “Educación”.

Tenemos muchos desafíos por delante, en esta nueva sociedad del conocimiento que se está cristalizando.

Hay empleos que van a desaparecer, y otros nuevos surgirán. Hay “Ubers” que vienen a patear el tablero del orden conocido. Hay barrios repletos de jóvenes como Casavalle, donde la pobreza abunda y las políticas sociales del gobierno no han brindado caminos sostenibles para dejarla atrás.

Estos desafíos no se pueden enfrentar con talenteo e improvisación, con mucho hablar y poco hacer, como lo hecho en los últimos años por el gobierno. Hace falta un cambio de rumbo potente, y está claro que solamente un gobierno de oposición lo puede hacer.

¿Talenteo o Cartoncito? Apostemos a la educación.

One thought on “¿Talenteo o Cartoncito?

  1. Me gustaría poder preguntar si la Sra. Vicepresidente estaría dispuesta a volar en una avión cuyo comandante no tuviera ese cartoncito

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