Dr. Jorge T. Bartesaghi
Dr. Jorge T. Bartesaghi
18/8/17
1/9/17

Aunque parezca mentira es verdad. Lo que en principio pareció tan solo un episodio político, aunque importante por su naturaleza, menos relevante que otros que afectaban más nuestra situación económica, política y social, el Frente Amplio se ha encargado de elevarlo al primer plano escénico convirtiéndolo en un drama-sainete que mantiene en vilo el interés de los espectadores (ciudadanos).
El protagonista, primer actor, don Raúl Sendic, vicepresidente de la nación considerada de mayor abolengo democrático republicano en el concierto latinoamericano, nos había sorprendido con un hecho de extrema ingenuidad, seguramente de menor trascendencia (en relación a otros que protagonizare): su inexistente título de Licenciado en Genética Humana.

Poco habría pasado si, descubierta la farsa, tan solo lo hubiese calificado como un error involuntario, poco trascendente. Pero su necesidad histriónica le hizo convocar una especial conferencia de prensa donde juró y perjuró la realidad de su título asegurando que lo presentaría con todas sus acreditaciones.

Grosera y vergonzante mentira de la que tuvo que desdecirse públicamente desnudando a los ojos de la ciudadanía una realidad: el vicepresidente, además de mentir, había actuado tontamente.

Cierto que el episodio en sí parece poco significativo comparado con la gravedad de las acusaciones que pesan sobre él por su actuación en la presidencia de Ancap, sobre las que se pronunciará la justicia penal. Pero cierto también que no dejó de ser una tontería, de la que suponíamos se había arrepentido.

Pues no es así. Lejos de ello el vicepresidente decidió elevar la apuesta, aumentando su exposición al ridículo, y, ante nuevas imputaciones de uso abusivo de su “tarjeta corporativa”, decide ocurrir voluntariamente al Tribunal de Ética del Frente Amplio para limpiar su nombre.

Apenas tomado estado público el detalle de “sus compras” a nadie le quedó la menor duda del abuso cometido, de su insensibilidad, su irresponsabilidad, de su desparpajo y desprecio a la ética pública.

Nadie en este país, ni siquiera el más obstinado militante de su fuerza política, puede desconocer la ilegitimidad de sus actos, el abuso pueril e innecesario de sus facultades, y sobre todo, la desfachatez en sostener la necesidad y legitimidad de gastos que nada tienen que ver con la función pública.

Tampoco lo podrá hacer el Tribunal de Ética, cuya integración desconocemos, pero no dudamos lo conforman ciudadanos de probada integridad.

Entonces Sr. Sendic, ¿cómo podemos calificar su actitud de requerir voluntariamente la intervención de un Tribunal que no tiene otra posibilidad que condenar su conducta? Preferimos no hacerlo porque el calificativo superaría las barreras de la educación.

Todos sabemos, aún sin tener la menor información al respecto, que el dictamen del Tribunal elevado al Plenario del Frente Amplio no puede tener otro contenido que la declaración de una desviación de conducta del imputado. De mayor o menor severidad, pero indudablemente de condena a las desviaciones éticas cometidas.

Advertido de la inexorable llegada del 9 de setiembre, fecha para la que fue convocado el máximo organismo del Frente, el imputado se desespera buscando soluciones imposibles. Apela a su indiscutible capacidad histriónica pretendiendo, primero justificarse, luego amenazando a su fuerza política o utilizando lamentos, risas o emotivas lágrimas.

Ha logrado dividir el Frente entre los que quieren salvarlo y quienes piensan que tal cúmulo de errores le impide permanecer en el cargo.

El Plenario, “encorcetado” por el mismo Sendic, no tiene hoy otra alternativa que condenar su conducta.

Salvo que, temeroso de la fractura que pueda provocarse, transite por el camino perverso de utilizar una acordada “falta de quorum” para impedir una resolución.

En definitiva abonar por la continuación del novelón. Si así fuere solo convalidaríamos la frase “que siga el corso”.

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