Aníbal Steffen
Aníbal Steffen

La primera mitad del mandato de Tabaré Vázquez fue muy escasa en realizaciones. Poco y malo, sería un síntesis apropiada. El gobernante Frente Amplio se desgastó en luchas intestinas y se empantanó en la suicida y ridícula defensa del “delfín” Raúl Sendic, quien llenó de indignación y vergüenza al país y se fue enterrando en un tembladeral que terminó tragándoselo.
Pero, como alguna vez expresó su sucesora Lucía Topolansky, nuevamente “el susto despertó al mamado”. El FA logró barrer a Sendic debajo de la alfombra y se apresta a iniciar el segundo tiempo (segunda mitad del mandato) con la clara consigna de aferrarse al poder.

Para ello, volverán a abrazarse entre culebras si es necesario; cantarán, tratando no desafinar demasiado (o al menos que no se note) la conocida canción de la unidad; se esforzarán por poder exhibir alguna realización, alguna obra, alguna política social.

Sin duda, el gobierno aumentará la enorme deuda externa para seguir financiando el déficit fiscal y mantener a raya la inflación y la cotización del dólar.

Y rezarán por un milagro, como lo sería la improbable inversión de UMP en una tercera planta procesadora de celulosa sobre el Río Negro.

Ello daría oxígeno al gobierno, que está en su punto más bajo de aprobación popular, a pesar de que la crisis económica que en algún momento pareció acercarse a pasos agigantados, terminó convertida en un discreto estancamiento, con aumento de la desocupación y de la actividad, pero no del consumo.

¿Cuál será la estrategia oficialista para este segundo tiempo? Por ahora –con excepción de la imagen de unidad que procurará ofrecer- no hay pistas. Es más, uno se pregunta si el gobierno tiene una agenda… la que sea. Y parecería que no. No existe ninguna elaboración o proyecto que permita avizorar algún remedo de solución a los temas que más preocupan a la sociedad.

El gobierno ya tiró la esponja en materia de educación. No están dadas las condiciones para una reforma educativa más o menos convincente.

Porque aunque tal reforma comenzara hoy mismo, no empezaría a dar réditos políticos antes de las próximas elecciones.

Así que la pelea contra el trancazo corporativo en la enseñanza, pasó a ser estéril, políticamente inocua.

Por lo tanto, desechemos la idea de que el gobierno se esfuerce en ese campo.

Tampoco hay razones para pensar que el gobierno está en condiciones de modificar a su favor el sentimiento de inseguridad que continúa afectando a la población.

En materia de economía, logró mantener a tiro la inflación, lo que influye positivamente en el ánimo de la gente, pero comenzó a subir el desempleo. Y esa es una materia muy sensible para la opinión pública.

El aumento desmedido de la deuda externa, el déficit fiscal, así como otros grandes números de la macro economía, pueden disimularse, maquillarse y enmascararse detrás de supuestas políticas sociales. Son temas áridos y la gente se distrae fácilmente.

A falta de propuestas novedosas, audaces, con vocación de progreso y desarrollo social, cultural y económico, es muy probable que el Frente Amplio se aboque a la generación de un clima de enfrentamiento y exclusión con el resto del espectro político.

No será nada nuevo. Será más de lo mismo, pero, esta vez, con la energía y la decisión de quien sabe que se está jugando la ropa. Las papas pelan y no hay tiempo para delicadezas.

Es necesario que la oposición en general y el Partido Nacional de manera muy especial por ser la minoría mayor, se paren en la cancha con las ideas claras.

¿Cuál deberá ser el talante, cuáles las propuestas y cómo comunicarlas? En otras palabras, ¿de qué manera logrará el Partido Nacional, en este segundo tiempo, marcar la cancha, dominar la pelota, y coordinar la defensa y el ataque? Porque el adversario entrará a la cancha atropellando. Y el segundo tiempo ya comienza.

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