Dr. Jorge T. Bartesaghi
Dr. Jorge T. Bartesaghi

El recuerdo de aquel 16 de junio de hace treinta y tres años, evoca el día en que el pueblo uruguayo tuvo la certeza de que inexorablemente terminaría la dictadura. Lo garantizaba Wilson, con su solo regreso, con su sacrificio.

Quienes vivimos esos tiempos no podemos impedir que nuestros recuerdos imaginen un presente diferente en los planos político, social, económico y cultural, si las miserias humanas no hubieran encarcelado y proscripto a ese hombre.

A quienes lo conocimos nos resulta sencillo adentrarnos en esa especulación intelectual y espiritual y visualizar un presente muy distinto a la realidad actual.

No así a las nuevas, y no tan nuevas generaciones, que no tuvieron ese privilegio, y que necesitan complementar la mística de su figura con las realidades que la justifican.

Para ellos, creemos oportuno reiterar párrafos que escribiéramos hace mucho tiempo bajo el título “Quién era ese hombre”.

“¿Quién era ese hombre cuyo nombre, hoy como ayer, sigue cautivando generaciones?

¿Cuáles sus dotes personales capaces de revestirle de una aureola mística, símbolo de inspiración política permanente?

¿Por qué razón quien fuere formidable gladiador en defensa de sus convicciones, líder de una comunidad política combativa, adversario respetado y temido por muchos, recibe hoy el reconocimiento fraterno del país entero?

Su nombre: Wilson Ferreira Aldunate, para la historia. Para el pueblo uruguayo todo, el de hoy y el de mañana, simplemente WILSON.

Profesión: Patriota.

Vocación: Ser Blanco.

Ocupación temporaria: Muchas: periodista, Representante Nacional, Ministro de Estado, Senador, productor rural, lector consumado, exiliado, preso político, etc., etc.

Poseedor de una personalidad atrayente, cautivante, imprimió en todos los actos de su vida la fuerza que se obtiene de la convicción propia del que busca la verdad. Del que lo hace con honradez intelectual; del que no acepta lo espurio, del que lo desprecia aunque esté en sintonía con la finalidad que persigue.

¡Tanto puede evocarse de su vida pública!

¿Quién no recuerda al Ministro de Ganadería y Agricultura de la década del 60, impulsor de la rama agropecuaria de la CIDE (Comisión de Inversiones y Desarrollo Económico), que luchó denodadamente por revolucionar la actividad rural mediante la utilización del conocimiento tecnológico?

Tampoco se olvida al legislador creativo y avezado, al formidable polemista, al maestro de la dialéctica constructiva que se ganó siempre el respeto (y en algún caso el temor) de sus adversarios.

Innumerables intervenciones parlamentarias, interpelaciones incluidas, dan fe de una brillantez intelectual, por todos reconocida.

O al caudillo, aquel que con la camisa arremangada, su ronca y aguda voz, su gestualidad y su mirada hacía vibrar hasta el paroxismo su auditorio.

¿Cómo olvidar aquella campaña del 71 cuando su sola presencia provocaba el delirio de un pueblo?

¿Qué uruguayo no se ha preguntado alguna vez cómo sería este país si Wilson hubiere ganado aquella manida elección? Ante esta especulación intelectual, naturalmente sin respuesta, sólo una cosa nos parece incuestionable: no habría habido golpe de estado, con lo que nos habríamos ahorrado años de sufrimiento, dolor, divisiones y violencia.

No hubiere sido cosa menor.

¿Cómo no recordar su exilio? Desde él fue incansable luchador contra la tiranía, paladín en el reclamo ante los foros internacionales y el mundo entero de los derechos conculcados a su pueblo. Ese doloroso ostracismo, la privación del calor de su gente por tanto tiempo, fue el precio más costoso en toda su lucha por la libertad. Tanto, que alguna vez se le escuchó decir, recordando la antigua pena de destierro: “ahora comprendo la crueldad de los griegos”.

O aquel 16 de junio, inolvidable para todos, cuando el gobierno moviliza las fuerzas armadas de aire, mar y tierra, bloquea con contenedores el puerto de Montevideo, para detener al hombre que, armado con su sonrisa, llegaba para decretar el fin de la dictadura.

Ríos de tinta han corrido y correrán para recordarle, para rescatar su personalidad, sus condiciones y su esfuerzo en la lucha permanente por la legalidad y por el bienestar de su pueblo.

Desde estas mismas páginas, mejores y más autorizadas plumas, dan cuenta de rasgos y anécdotas de quien ya es un mito de la civilidad oriental.

En la imposibilidad de sintetizar en este espacio la riqueza de su vida, permítasenos rescatar lo que para nosotros es uno de sus rasgos más importantes, quizás el de mayor incidencia en la vida de la nación: su grandeza.

Grandeza propia de un patriota con mayúscula. Del hombre que resigna sus legítimos derechos e intereses, en pos de un bien mayor para su gente.

Grandeza para desechar revanchas, para olvidar agravios, incluso para renunciar a reparaciones de justicia.

Cuando el país entero, su pueblo, el gobierno electo y la dictadura en retirada, esperan su salida de la cárcel de Trinidad, sabedores todos que de sus palabras dependería, en buena parte, el futuro del gobierno y de la nación; cuando su gente enfervorizada le hubiere permitido pasar legítimas facturas, toda esa grandeza espiritual se manifiesta en su máxima expresión.

La explanada municipal es el eterno y mudo testigo de esa grandeza.

Desde allí pide, exige, que se olvide y se perdone. Olvido y perdón para asegurarle estabilidad al gobierno electo y para crear las bases del imprescindible reencuentro social.

Olvido y perdón para quienes pisotearon la soberanía nacional, para los que destruyeron la legalidad que siempre defendió, para los violadores de derechos humanos, para los que delinquieron, los que abusaron, los que traicionaron, e incluso para quienes le persiguieron, encarcelaron e impidieron su acceso a la presidencia de la República.

Olvido y perdón para quienes pactaron poniendo de su cargo el precio de los beneficios que obtenían. Y para ellos, además, toda la ayuda necesaria, la que se merezcan y más, para que el “paisito” retome un camino de paz y prosperidad.

Un pueblo no olvida esta grandeza, la incorpora a la esencia del ser nacional. Por ello lo tendrá siempre presente y para las futuras generaciones seguirá siendo, por siempre, simplemente WILSON, PATRIOTA y BLANCO.”

Deja un comentario

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong> 

required