Dr. Jorge T. Bartesaghi
Dr. Jorge T. Bartesaghi

La célebre frase del Rey Juan Carlos, dicha en circunstancias, ambiente y personajes recordados, se ha convertido en un ícono aplicable a aquellos casos en que el discurso público resulta impropio, desacertado, desconectado con la realidad que refiere.
Hoy, ante el desenlace del triste episodio Sendic, nos vuelve a la memoria por su adecuada validez y aplicación frente a los dichos de varios personajes del Frente Amplio que, en un intento de salvaguardar la imagen de quien se encuentra en la picota pública, han defendido o disminuido, relativizado los actos que le imputaré su propio Tribunal de Conducta Política.

Ya nos hemos expresado en forma reiterada sobre la conducta del ex Vice Presidente de la República, sus mentiras, tonterías y faltas éticas.  Y todo lo dicho refiere exclusivamente a los hechos por los que ha sido juzgado por sus pares hasta la fecha, haciendo expresa exclusión de las eventuales muy graves responsabilidades que pudiere imputarle la Justicia por su intervención en el caso Ancap. No insistiremos en nuestro juicio que, en líneas generales, coincide con lo que siente la mayoría de la ciudadanía.

Pero imposible evitar referirse a dichos y argumentos esgrimidos por figuras de primer nivel de la escena política, que por su desubicación, desproporción  y  poco afortunados, le hacen aplicable el concepto sintetizado en la frase “por qué no te callas”.

Y nos referimos, en primer lugar, al desgraciado discurso del señor Presidente de la República, Dr. Tabare Vázquez, apenas conocido el desenlace de la renuncia  anunciada ante el Plenario del Frente Amplio.

Tan absurdo como la “sorpresa” que le provocara la renuncia del vicepresidente fue el estilo adoptado, los generosos conceptos vertidos, la implícita desautorización al Tribunal y las acusaciones políticas a la oposición, aparente causante del “brutal bullying”,  causa principal de tan injusto desenlace.

El Presidente debió adoptar postura de un Jefe de Estafo que, ante un episodio de indudable trascendencia nacional, se dirigiere a la ciudadanía toda, jerarquizando la actitud institucional que actuó en defensa de los valores éticos que construimos y sustentamos los uruguayos a lo largo de nuestra historia.

Lejos de ello pareció referirse sólo a los frenteamplistas, defendiendo al compañero Sendic, ingenua víctima de la injusticia producida por el “brutal bullying” que le hiciere la oposición y la prensa. Culmina su discurso valorizando su actuación gubernamental con elogios exagerados, sin mención alguna a sus indiscutibles faltas éticas que ofenden la sensibilidad institucional y la que siente toda la ciudadanía.

Absolutamente desafortunado Sr. Presidente, tanto que se hace acreedor al “por qué no te callas”.

El episodio Sendic pudo haber sido un motivo de orgullo para la institucionalidad nacional si se le hubiere valorado como un ejemplo de la intolerancia de nuestro pueblo a cualquier falta ética de sus gobernantes, con independencia de su entidad o tamaño. Lejos de ello, la actitud de la organización política gobernante, en todos sus estamentos, prioriza salvaguardar la unidad de la vieja “colcha de retazos” frente a las normas éticas que clara e indiscutiblemente defendiera su propio Tribunal de Conducta Política.

Por supuesto que no es el único que perdió la oportunidad de callarse. Los dirigentes de la “Lista 711”, en especial su senador, algunos diputados y también varios connotados dirigentes sindicales incurrieron en valoraciones desajustadas que, ejercitando una verdadera alquimia intelectual, pretendían justificar la conducta del vicepresidente renunciante.

Mucha más lógica tuvo el “rajate botija” de Richard Reed que, en dos palabras, supo sintetizar la claridad inapelable del fallo del Tribunal.

Ha finalizado este proceso siguiendo los mecanismos de estricta regularidad constitucional, lo que realmente nos tranquiliza. Asume quien le corresponde, la senadora Lucia Topolanski de Mujica, en proceso legítimo y transparente, aunque no deje de preocupar a buena parte de la ciudadanía por su pasado conocido.

Lo que vuelve a recordarnos aquel deseo de rogar a Dios por la salud del señor Presidente, agregando esta vez la aspiración de que en circunstancias como ésta, sepa callarse.

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