Ignacio Estrada Hareau
Ignacio Estrada Hareau

Somos un país con muchísimas virtudes y ventajas. Pero somos un país chico y no podemos luchar contra las tendencias globales; nos tenemos que adaptar de la mejor forma a ellas. Sin embargo parece que nuestro gobierno a menudo intenta remar contra la corriente. En vez de observar las tendencias globales y buscar aprovecharlas, parece querer imponer reglas propias. Como si el mundo se va a adaptar a nosotros, y no viceversa.

Un ejemplo de ese remar contra la corriente es nuestra deficiente, y cada vez más alejada del mundo, formación. A diario escuchamos novedades sobre robots y automatización y su impacto en el mundo del trabajo. Leemos que en los próximos años un montón de tareas se realizarán sin aporte de las personas. Desde la agricultura a los centros logísticos, o servicios como los bancos, las nuevas tecnologías eliminarán ciertos puestos. Y las investigaciones que analizan este fenómeno – que ya está en marcha – concuerdan que es fundamental una capacitación adecuada de las personas para las nuevas habilidades que el nuevo mundo del trabajo requerirá. Pero en nuestro país ¿vemos que la educación está cambiando para el mundo del trabajo que se avecina? ¿Cómo vamos a lidiar con el siglo XXI con una educación que se quedó lejos en el siglo XX? Nuestro gobierno sigue empujando un modelo educativo que no es adecuado para el mundo actual y mucho menos lo será para el futuro cercano. Rema contra la corriente.

Nuestro gobierno también rema contra la corriente en inserción internacional. Precisamos ser un país abierto al mundo, porque somos pequeños y nuestro mercado es pequeño. Hemos visto cómo países como Chile progresan a un ritmo más acelerado con una política de apertura internacional como uno de sus pilares.

Nuestro gobierno, ¿qué ha hecho? Se ha anclado a un Mercosur que no funciona. Dejó pasar el tren de un tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y ahora parece que el tren del Tratado con China también pasará. Tiene una política internacional con anuncios y conversaciones pero pocas concreciones. En la Rendición de Cuentas propone incrementar impuestos a las importaciones, que son parte de los insumos que precisamos para luego exportar, ya que somos parte de cadenas productivas entre países. O sea que con una medida así encarece las exportaciones y reduce la competitividad. Los países que avanzan, más aun los que son pequeños, se abren al mundo. Nuestro gobierno va lento, remando contra la corriente.

También nuestro gobierno rema contra la corriente al fomentar un estado pesado, caro. Un estado que suma empleados a un ritmo acelerado, aun cuando el mayor tamaño no está ofreciendo en muchos casos mejores servicios. Parecería que cada vez que cierra una fábrica emblemática (como Fanapel) hay preocupación por los costos de producir en Uruguay, pero luego esa preocupación se diluye y el gobierno sigue su trayectoria de gastos altos, que luego requieren más impuestos. Tenemos en el mundo ejemplos de países que están aprovechando las tecnologías (como Estonia) para ofrecer gestiones digitales, para reducir la burocracia y brindar mejores servicios a la población. ¿No será hora de pensar en un estado ágil e inteligente, con la cantidad de funcionarios justa? Tener un estado costoso es remar contra la corriente en el mundo actual, es quitarle competitividad a nuestras industrias y generar pérdida de puestos de trabajo en el proceso.

Hay más ejemplos pero la conclusión no varía. Somos un país pequeño y tenemos que adaptarnos a un mundo globalizado y dinámico. Podemos remar contra la corriente y no llegar a ningún lado, o podemos adaptarnos y progresar.

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