Jaime Trobo
Jaime Trobo

Ni olvido ni perdón pregonan asociaciones civiles y partidos políticos vinculados a la izquierda, en relación a la violación de los DDHH en los tiempos de la dictadura de cuyo inicio ya distan más de 44 años. Las violaciones de DDHH que ocurrieron en su transcurso son un fantasma que acompañará la historia de nuestro Uruguay y sin duda será una enseñanza para revisar permanentemente las virtudes de la democracia, de la vida republicana y el respeto a la Constitución. Y sin duda todos los orientales bien nacidos deberemos expresar sobre ello “nunca más”.

Pero el pregón con el que se inicia esta columna es miope, aunque aparezca como una justa demanda frente a hechos aberrantes, esconde con amnesia propiciada víctimas de delitos tan aberrantes y violaciones de DDHH tan graves como las que reclama castigar para otras.

Esas otras, Civiles, Policías y Militares muertos por la violencia terrorista, “ajusticiados” por determinación de ideólogos pervertidos de la liberación nacional, individuos prisioneros de delirios mesiánicos que hasta el día de hoy ponderan sobre sus criminales acciones, queriendo dotarlas de justificación y bondad. Respecto de estas víctimas el pregón no dice nada. Es más cuando a ellas se refieren deliran justificándose y ejercitando razones de pasmosa frivolidad.

Nuestro Uruguay, desde 1985 en adelante, ha ensayado múltiples y variadas fórmulas para emprender un proceso de pacificación, y ha procurado conjurar los demonios que atacaron con eficacia la democracia, la enfrentaron, la violaron, y la destruyeron proceso que se inició por los primeros años de la década del 60 y concluye a mediados de los 80.

Leyes de amnistía, de caducidad, de reparación a funcionarios y empleados, de adecuación de pasividades, de subsidio y reparación, atendieron las situaciones de miles de compatriotas que pudieron probar, con mecanismos sumamente laxos, su inclusión en esas nóminas. La reparación ha sido una formula constante y ella ha sido construida con consensos y con la participación de todos los partidos políticos, prueba de ello es que las leyes fueron aprobadas por amplias mayorías de las que fueron parte todas las representaciones parlamentarias.

Para una sociedad democrática y éticamente construida, no puede haber en este caso dos clases de víctimas. Las que merecen reparación y las que no.

Hay al menos 66 muertes que no integran la calidad de víctimas de la violencia y el terrorismo. Fueron militares y policías que cumplieron con su deber de defender la ley y la constitución y en muchos casos no murieron a causa de un enfrentamiento sino victimas de “ajusticiamiento”, una fórmula satánica justificada aún hoy por panegiristas de la violencia sediciosa. Son civiles muertos a los que frívolamente puede considerarse daños colaterales de enfrentamientos entre fuerzas del orden y la ley y de la sedición.

Para atender con una justa reparación a su memoria y a sus familias, en estas horas hemos reiterado una iniciativa legislativa que las comprende, y nos hemos sentido legitimados por su martirio y el dolor de sus familias para planteárselo a la Sra. Lucia Topolansky, hoy Presidente de la Asamblea General y Vice Presidente de la República. Lucía Topolansky miembro de las directivas de los Tupamaros y actora principal de muchas acciones que provocaron muerte y terror. Parece simbólico, pero deseo con todo mi corazón que más que ello, sea eficaz.

La iniciativa no es original, ha tenido varias etapas frustradas, desde que fue impulsada por el ex Diputado Daniel García Pintos, luego fue tomada por el propio Presidente Vázquez quien envió un mensaje al Parlamento que los legisladores del FA desoyeron y no fue tratado. En la pasada Legislatura el Senador Lacalle Herrera, junto a Jorge Larrañaga, Francisco Gallinal y Gustavo Penadés y corrió la misma suerte.

Ahora iniciamos nuevamente el proceso legislativo con el propósito de hacer todo lo necesario para su aprobación.

Las “otras” víctimas merecen que el estado uruguayo los reconozca reparándolos moralmente en la ley y a sus familias patrimonialmente.

3 thoughts on “No es justo olvidar las Víctimas de la sedición

  1. Deseo de todo corazón y por la verdadera pacificación , de esta sociedad semi ciega , e ignorante de la verdad histórica , que se esta iniciativa llegue a buen fin .

  2. Hay muchos casos de víctimas de la violencia sediciosa (civiles, policías y militares), que merecen un reconocimiento público. Pero que no se plantee el asunto como una indemnización económica; así lo hacen ciertas organizaciones que se dicen representantes de víctimas del terrorismo de Estado y que lo que pretenden en última instancia es un pago en efectivo. Lo importante, para mí, es una suerte de reconocimiento moral por su sacrificio, cuando muchos de ellos no sabían a qué estaban enfrentados, e incluso algunos caerían dentro de lo que hoy, eufemísticamente, se llama “daños colaterales”. Hasta ahora el unico caso que tiene algún reconocimiento es el del peón rural Pascasio Báez Mena, pero hay varios más; que se hable de todos ellos;ése es el fin. Después sí, se puede estudiar alguna forma de compensación económica si no la han tenido y corresponde, pero eso no debe ser lo principal.

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