Aníbal Steffen
Aníbal Steffen

“¿Qué es lo que se pretende? ¿Que le declaremos la guerra a Venezuela, que propongamos una intervención?”, respondió el canciller Rodofo Nin Novoa al periodista Emiliano Cotelo en Telemundo, cuando éste le pidió opinión sobre las duras críticas que cayeron sobre él y sobre el Presidente Vázquez, por la complaciente actitud del gobierno uruguayo ante la dictadura venezolana en la reciente Cumbre del Mercosur.

No ministro, no finja demencia para salir alegremente del paso. La última vez que en el Uruguay alguien pensó en guerra, fue cuando el Presidente Vázquez pidió a su colega George Bush ayuda yanqui ante una hipótesis de conflicto bélico con Argentina por el litigio en torno a la instalación de la planta de Botnia en Fray Bentos.

¿Lo recuerda Nin? Usted era Vicepresidente.

¿“Intervención”? Nunca escuché a ningún representante de la oposición reclamar “intervención” contra Venezuela. ¿De dónde salió tal disparate?

Si de algo estamos orgullosos los uruguayos es del enorme papel que desempeñó nuestra diplomacia (en aquellos lejanos tiempos en que nos consideraban “la Suiza de América”) para imponer en el mundo el principio de “no intervención”.

El ex Canciller Sergio Abreu, a quién le realicé días atrás una entrevista radial, me recordó que Uruguay ocupó por última vez la Presidencia del Consejo de Seguridad de la ONU en 1965.

Tal honor le correspondió al Embajador Carlos María Velázquez, quien debió sentar posición frente a la intervención de Estados Unidos en República Dominicana.

La posición uruguaya hizo doctrina. Nuestra diplomacia, movida por principios y no por intereses ni por amistades, adquirió por actitudes como esa, un prestigio y una influencia desproporcionada con el escaso poder económico, político y bélico del Uruguay.

Nin Novoa, que se formó políticamente en el Partido Nacional, lo sabe (o debería saberlo) mejor que nadie.

Entonces, cuando observamos atónitos la forma en que el Frente Amplio barre con los restos de dignidad diplomática que escasamente le quedan al país, tenemos el derecho de preguntarnos si detrás de esa conducta mendicante con Venezuela, se esconden oscuras razones, acuerdos secretos, espurios intereses de ignotos personajes convertidos en empresarios al calor del poder y del monopolio de los “negocios con Venezuela”.

¿Qué factura estamos pagando? ¿Con qué nos amenaza el locuaz Maduro?

Ya insultó soezmente al Vicepresidente Sendic, a quién calificó de cobarde y al propio canciller a quien acusó de agente de la CIA y operador de maniobras contra los gobiernos de izquierda latinoamericanos en coordinación con el Departamento de Estado de los Estados Unidos.

Maduro no acepta paños tibios, ni defensas ambigüas. Tampoco da explicaciones ni ofrece disculpas. Nos desprecia y nos usa. Y seguimos haciéndole los mandados. ¿Por qué?

Tal vez la respuesta surja del Poder Judicial cuando se expida sobre los negocios de “Aire Fresco” y otros tantos asuntos denunciados por legisladores del Partido Nacional y de otros sectores de la oposición.

Mientras tanto, seguiremos reclamando que la diplomacia uruguaya vuelva a sus raíces y no nos avergüence más.

No pedimos imposibles. No queremos las “guerras” o las “intervenciones” que inventa el Ministro de Relaciones Exteriores.

Sólo pedimos un poco de decencia y de dignidad republicana para encarar las relaciones internacionales.

3 thoughts on “Ni guerra ni intervención: Sólo dignidad

Deja un comentario

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong> 

required