Dr. Jorge T. Bartesaghi
Dr. Jorge T. Bartesaghi
8/7/16
8/7/16

Quizás el título no resulte representativo del verdadero problema, al menos del problema tal cual lo visualizamos nosotros.

Sin duda que es parte de él, importante, significativa, pero parte al fin.

Lo verdaderamente sustantivo es redefinir, reencontrarnos diríamos, con una adecuada política internacional, especialmente en lo comercial, a la que el país deberá sujetarse. Política internacional a desarrollarse dentro de los cánones de respeto a la institucionalidad que siempre honró nuestro país, pero dotada de un contenido que priorice claramente los reales intereses económicos nacionales, con absoluta prescindencia de afinidades circunstanciales de cualquier naturaleza.

En los dos anteriores gobiernos autodenominados progresistas, seguramente como consecuencia de la euforia provocada por el encuentro de un poder hasta entonces esquivo, se confundió las políticas a aplicar en el relacionamiento internacional, priorizando, en algún caso absurda y desmesuradamente, afinidades ideológicas que poco o nada tenían que ver con el interés nacional.

Todo parece indicar que la actual conducción de nuestras relaciones internacionales intenta retomar el rumbo, al menos recomponiendo conceptos que nunca debieron abandonarse como por ejemplo que lo jurídico deberá estar siempre por encima de lo político.No tendría sentido esta valoración si no fuera por los dichos del expresidente José Mujica, quien no tuvo el menor empacho en publicitar a los cuatro vientos, que en su gobierno lo político estaba por encima de lo jurídico.

Y así fue como empezamos a transitar por caminos impropios a nuestra historia y al prestigio obtenido y reconocido por la comunidad internacional, incurriendo en tristes episodios como la suspensión “pro-tempore” de Paraguay para habilitar el ingreso de Venezuela al Mercosur, o la urgente citación del Senado de la República a altas horas de la noche para aprobar el Tratado, de forma de poder esperar a la mañana siguiente al líder venezolano y obsequiárselo en la escalerilla del avión, (que por otra parte, y para hacer más evidente el ridículo, avión que nunca llegó).

O aquel que protagonizara el Canciller Gargano cuando (a instancias de sus principios y de la recomendación-amenaza del famoso Ministro de Asuntos Exteriores de la República Federativa de Brasil, Celso Amorim) impidió llevar adelante el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos que nos fuera ofrecido por el propio Presidente Busch.

Pasarán muchos años antes que el país pueda olvidar este desacierto, absurdo por naturaleza y producto de un rencor ideológico sin sentido, que de no producirse podría habernos evitado muchos males.

Hechas estas aclaraciones imprescindibles, tenemos muy en claro que el Mercosur es un instrumento importantísimo para nuestro relacionamiento económico, que debemos proteger y prestigiar su gestión y desarrollo, pero todo ello, respetando los fundamentos que inspiraron su creación.

El Tratado de Asunción, suscrito el 26 de marzo de 1991 entre Paraguay, Brasil, Argentina y Uruguay, se autodefine como “Un Tratado para la Constitución de un Mercado Común…” “…para acelerar procesos de desarrollo económico con justicia social”.

También define claramente el concepto de Mercado Común, estableciendo como tal “la libre circulación de bienes y servicios y factores productivos, a través de la eliminación de derechos aduaneros y restricciones arancelarias a la circulación de mercaderías…”, todo lo cual, al igual que la fijación de una arancel externo común, debía estar consumado al vencimiento del periodo de transición que finalizaba el 31 de diciembre de 1994.

Lamentablemente poco ha logrado consolidar de tantas buenas intenciones (ni siquiera ha podido acordar el imprescindible arancel externo común), entre otras razones por el cambio de signo ideológico de la mayoría de los gobiernos partes, que muchas veces han pretendido utilizarle como instrumento de poder para su filosofía política, olvidando y/o postergando la defensa de sus principios comunes que no era, ni debía ser otra que utilizarle para acelerar sus procesos de desarrollo económico.

Este Mercosur, al que calificamos de instrumento fundamental para nuestro país, por la simple razón de que aumenta nuestro mercado potencial a cerca de doscientos cincuenta millones de personas, debe ser preservado, potenciado y protegido en la medida que se limite a lo establecido en el Tratado constitutivo, desechando toda pretensión de utilización política, sea del signo que sea.

La desintegración ética acaecida en los gobiernos de Brasil, Argentina y Venezuela, evidencian el error que cometieron nuestros gobiernos al aceptar, por simple afinidad ideológica, imposiciones y restricciones a nuestra conducta comercial internacional.

Nuestro Mercosur debe apoyarse, protegerse, en la medida que se limite a su contenido estrictamente comercial, desechando toda acción de estrategia política ajena a sus fines. Menos aún cuando estas se fundamentan o pretenden por simples afinidades ideológicas.

Pero en manera alguna puede pretenderse utilizarlo como freno a opciones económicas ventajosas con el resto del mundo, léase impedir Tratados de Libre Comercio, especialmente las que hoy se nos aparecen accesibles como la Alianza del Pacífico, cuyo futuro venturoso no puede ponerse en duda.

Para barbaridades, aunque ésta de corte nacional, baste recordar la decisión de apartarnos del TISA, que oportunamente comentáramos.

Son suficientes, no agreguemos más.

One thought on “Mercosur: ¿debe redefinirse?

  1. Muy buen análisis del Tratado de Asunción,tal vilmente bastardeado en función de intereses partidistas.Para reencaminarlo es necesrio-entre otras tareas- que Nin Novoa deje de actuar como un nuncio siendo mero comunicador de lo que le mandan no asumiendo la representación de la ciudadanía en Relaciones Exteriores.Abrazo.

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