Dr. Jorge T. Bartesaghi
Dr. Jorge T. Bartesaghi

La lucha por la obtención de mayorías absolutas en los procesos electorales ha sido y es una constante en los sistemas de gobierno democrático-republicanos.

El frente Amplio lo ha logrado en sus tres periodos de gobierno lo que les aseguraba tranquilidad en el escenario legislativo, imprescindible para la concreción de sus ideas y proyectos.

Seguramente las mayorías parlamentarias tienen vital importancia en el ejercicio de gobierno en cuanto aseguran la viabilidad y el éxito de la gestión.

Pero también imponen responsabilidades en cuanto excluyen toda excusa con que se pretenda justificar la ineficiencia o el fracaso.

Su ejercicio no solo impone responsabilidades en el plano político, sino también, y fundamentalmente, en el plano ético en cuanto conlleva intrínsecamente el riesgo de la autosuficiencia complaciente, la desvalorización y, cuándo no, el desprecio de ideas, sugerencias o proyectos ajenos.

¿Puede ello significar un demérito en sí mismo para el ejercicio de esas mayorías absolutas? En manera alguna. El daño aparece cuando se, hace un mal uso, un uso abusivo de las mismas, como sucede cuando ignoran a las minorías sin un análisis respetuoso de sus fundamentos.

Es la consecuencia directa de una autosuficiencia despreciativa en cuanto no le interesa el concurso de otros por considerarlo innecesario.

Seguramente la peor expresión de una mayoría absoluta mal ejercida es la que podemos calificar de “regimentada”. Y como tal entendemos aquella que se usa bajo la etiqueta de “disciplina partidaria”.

Ésta puede ser entendible cuando se fundamenta en un compromiso previo realizado para asegurar los grandes lineamientos de un gobierno, pero nunca para resolver situaciones coyunturales cuando ellas comprometen valores creencias o sentimientos de los obligados.

El Frente Amplio ha hecho uso y abuso del concepto de “disciplina partidaria” intentando por esta vía impedir la investigación de situaciones sospechadas de graves irregularidades, Esto ha sucedido en demasiadas oportunidades. Estamos cansados de observar procesos de “brazos enyesados” que hacen oídos sordos a posiciones, sugerencias o colaboraciones de la oposición, a veces para imponer soluciones legislativas contrarias a nuestras tradiciones, otras para justificar amiguismos ideológicos en el plano internacional en clara violación del Derecho y grave daño del prestigio del país, y otras, demasiadas, para impedir o entorpecer el contralor de su propia gestión.

Estas mayorías que llamamos regimentadas suelen ser nefastas por cuanto, en muchos temas, enfrentan al individuo con su propia conciencia. Quien ha cimentado a lo largo de una vida valores, creencias y principios debe doblegarse y renunciar a su identidad para respaldar ideas que nunca compartió.

Pero, tanto va el cántaro al agua que al fin se rompe, y el partido de gobierno debió enfrentarse a la pérdida de su mayoría absoluta en la Cámara de Representantes por la deserción fundamentada del Diputado Gonzalo Mujica, quien expuso objeciones de conciencia que sus compañeros no supieron ni pudieron superar.

El Frente Amplio, y el país entero por supuesto, se beneficiarán con este cambio de escenario legislativo, pues el partido de gobierno deberá dejar de lado la soberbia autosuficiente para ingresar al plano de la sana y libre discusión y respeto por ideas y visiones distintas, siempre enriquecedoras y moderadoras de resoluciones peligrosas.

¿Podemos concluir que son malas las mayorías absolutas? Absolutamente no. Ellas nunca son malas pero si lo es el mal uso que de ellas se hace.

Quienes conscientemente integramos el partido de la libertad jamás podremos admitir sojuzgar nuestra propia conciencia a intereses y valores opuestos a nuestros principios, cualquiera sea el apoyo mayoritario que exhiban.

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