Dr. Luis José Martínez
Dr. Luis José Martínez

“Veremos hasta qué punto se cumplen los anuncios, que para ser creíbles deberían comenzar por los elementales cambios en el Ministerio del Interior”

 

En uno de los tantos lugares que el presidente Dr. Vázquez visitó en días recientes, enterado que fue de los deplorables episodios ocurridos con anterioridad al partido que habrían debido jugar Peñarol y Nacional pero que debió cancelarse, así como de las repercusiones (nada gratas para el país) que el hecho alcanzó mediante la difusión internacional de la noticia, el primer mandatario resolvió enviar un mensaje televisado por el que anunció que se había terminado la paciencia con ciertos grupos violentos por lo que, en lo sucesivo, la policía actuaría con rigor. Describió al nuevo enfoque, quizás para volverlo más contundente, con expresiones escasamente académicas que nos hicieron recordar el estilo de su inmediato antecesor en el cargo, lo cual sirvió seguramente para aclararle a los despistados la similitud del uno con el otro, más allá de diferencias puramente superficiales que en nada afectan la “coherencia” en la manera como el Uruguay ha sido conducido desde 2005 hasta la fecha.

El Dr. Vázquez no explicó, sin embargo, por qué había demorado tantos años, no solamente él sino también la “fuerza política” que integra, en darse cuenta de que el delito debe ser reprimido con rigor, que hacerlo constituye una obligación de las autoridades públicas y que tal obligación obedece a la necesidad de asegurar la convivencia ordenada de todos los miembros de la sociedad. Desde el acceso del Frente Amplio al poder, en efecto, gran parte de sus portavoces han dicho una y otra vez que no era nada sencillo trazar la línea divisoria entre la represión legítima y la criminalización de la protesta social.Añadieron a menudo, y aun lo siguen haciendo aunque ellos mismos no se lo crean, que el auge delictivo no era sino la “herencia maldita” del feroz neoliberalismo que, a su criterio, había imperado en el país, no ya durante la dictadura militar sino en los siguientes gobiernos de los partidos tradicionales. En el “clímax” de sus delirios ideológicos, llegaban en no pocos casos a borrar las fronteras entre unas y otras épocas del país, hasta trazar solamente una: la que separaba al gobierno del Frente Amplio establecido a partir de 2005, de todo lo que había ocurrido antes en esta tierra. Antes había imperado el sometimiento de los débiles en provecho de los poderosos, y por tanto la injusticia; después, comenzaba la fundación de una sociedad nueva, solidaria, ecuánime y justa. Es lo que suele llamarse concepción frentista fundacional.

La renuencia cuando no la llana deserción de la autoridad, no simplemente de la autoridad policial sino de la autoridad como concepto y como principio inherente a cualquier organización humana, ha caracterizado –lamentablemente- a los gobiernos frentistas. Una descripción muy breve y muy precisa de este fenómeno patológico, la hizo recientemente Luis Alberto Lacalle en una nota dedicada al punto que se publicó en un diario de amplia circulación nacional. El cambio que ahora se anuncia es obviamente tardío, pero podemos ilusionarnos con que no será inútil: el trabajo será mucho más arduo, pero algún día el gobierno tenía que hacerse cargo de este problema. La represión del delito es indispensable. Es complementaria, nunca incompatible, con la profilaxis del delito de que habla la Constitución, con la educación como herramienta preventiva esencial, con la lucha contra la pobreza (contra la pobreza materialmente tangible y contra la pobreza espiritual también), lucha que debe fundarse en la propagación de la cultura del trabajo sin perjuicio de los auxilios económicos que fuere necesario brindar, con arreglo a un criterio global (holístico, se suele decir en la actualidad) dirigido a combatir el problema, y como tal debe ser encarada. Veremos hasta qué punto se cumplen los anuncios, que para ser creíbles deberían comenzar por los elementales cambios en el Ministerio del Interior.

Este giro en la política de seguridad que pregona el presidente Vázquez, no es el primer cambio de rumbo a lo largo de los doce años que llevamos con la “fuerza política” en el poder. Un recuento a vuelo de pájaro podría incluir, para empezar, el viraje en la posición sustentada por la coalición, una vez instalada en el gobierno, respecto al establecimiento de una fábrica de pasta de celulosa en el departamento de Río Negro, así como la insólita aproximación de la presidencia a la mismísima cúpula del gobierno estadounidense ante la eventualidad de ¡una guerra! con la República Argentina por ese mismo asunto, tal como lo describió el Dr. Vázquez con la mayor naturalidad ante un pequeño grupo de jóvenes estudiantes, que seguramente no conseguían salir de su asombro mientras lo escuchaban.

De paso, es preciso recordar el horror y espanto que semejantes confianzas con el imperialismo norteamericano despertaron en una parte de sus votantes, que habían sido educados según una historia mutilada de conformidad con la cual el anti imperialismo lo habría inventado el Frente Amplio; y estos son apenas botones de muestra de lo que ocurrió durante el primer gobierno del antes nombrado.

Su sucesor, el presidente Mujica, empezó por asumir como el mayor objetivo de su gobierno la “educación, educación, educación”, y ya sabe el mundo entero cómo estábamos cinco años después en la materia, aunque el tiempo transcurrido hasta hoy nos demostró que se podía estar todavía peor. En época bien reciente, el equipo conformado por la actual administración sufrió pérdidas sensibles: primero fue defenestrado el Director de Educación puesto que, de acuerdo con los dichos de la propia Ministra, había sido designado por sugerencia de un hijo de ella pero (no obstante tan serio y formal asesoramiento) no había dado la talla debido a que era apenas un simple maestro de escuela.

De inmediato lo siguió el número dos de la cartera, un profesional de vasto prestigio que llegó a ser algo así como el cerebro del programa de gobierno de la coalición en materia educativa, pero cuyas ideas resultaron imposibles de soportar para el presidente de la ANEP, quien al parecer tiene tanto poder como la propia ministra, si no un poco más aún. ¡Adiós al cambio del ADN en la educación!

El Frente Amplio practicó en su momento una política de manga ancha, permisividad y ajenidad respecto a ciertos entes autónomos, como si el Estado estuviera conformado por compartimientos estancos y no por un conjunto de organismos dotados de diferentes grados de autonomía, pero cuya acción debe ser complementaria y confluyente en pos de objetivos políticos debidamente fijados. El “affaire” ANCAP sobresale por sí mismo, con daño para la imagen del país, pero la lista es bastante extensa. En el caso del “ente petrolero”, actualmente sometido a vigilancia por parte del poder ejecutivo (los eufemismos suelen ser útiles), se cometieron todo género de excesos, aunque algunos frentistas tozudos se aferran a la afirmación de que no se ha determinado por el momento la existencia de conductas penalmente punibles, desentendiéndose de las responsabilidades políticas, un concepto que en otro tiempo era considerado cardinal en el ejercicio del poder.

El mentado “affaire” le ha costado al país casi la misma cantidad de dinero que se precisa a fin de realizar las obras de infraestructura necesarias para que pueda instalarse una nueva planta de procesamiento de madera, esta vez a orillas del Río Negro, y cuyo monto el gobierno, incluido el presidente Dr. Vázquez, trata de conseguir de aquí o de allá. La nueva perspectiva frentista, limitativa del completo albedrío de ciertos entes o servicios, configura ciertamente un giro bien ostensible.

Una idea al parecer brillante, que se echó a andar en su momento con la mayor prosopopeya, fue la de construir un puerto de aguas profundas en algún punto de nuestra costa oceánica. Los gastos en consultoría, ya de origen nacional, ya extranjero, que debieron realizarse, insumieron con seguridad montos considerables, a menos que semejante proyecto se hubiese llevado a cabo solamente “a punta de corazón”, por utilizar el decir tanguero. Todo eso, como es sabido, quedó en la nada.

Otro tanto ocurrió con el proyecto de megaminería, que se pretendió llevar adelante contra viento y marea y que,no obstante su fracaso, ocasionó de todas formas daños diversos, incluyendo algunos no meramente económicos.

Un día no lejano cuatro jerarcas gubernamentales salieron, visiblemente sin coordinación de clase alguna, a decirle al país que el gobierno pensaba despenalizar el suministro de marihuana, a condición de que se la comercializara de acuerdo con las normas de un proyecto de ley que algún día iban a presentar. Una ley sobre la materia fue aprobada más adelante, pero hasta hoy no hay quien se haga cargo de cumplirla. Puede ser buena o mala, eso es opinable, pero es una ley vigente que el gobierno tiene la obligación de reglamentar y aplicar. El presidente Vázquez ha vuelto en estos días a poner paños fríos sobre el asunto, pasándose por alto sus deberes de acuerdo con el ordenamiento jurídico en vigor. Mayor evidencia de contradicciones y de improvisación, parece imposible.

Pero no lo es. El Dr. Vázquez-candidato se comprometió con la mayor solemnidad a no crear nuevos impuestos ni aumentar los existentes, con una sóla excepción. El Dr. Vázquez-presidente, sin embargo, olvidó rápidamente sus promesas, incrementando sensiblemente las tasas de ciertos impuestos y sancionando modalidades de liquidación nuevas que operarán onerosamente sobre los contribuyentes. A falta de ideas, incumplimiento grosero de los compromisos. A falta de voluntad para acometer desafíos pendientes, mayores cargas sobre los hombros de los trabajadores, jubilados y pequeños empresarios.

Este es el verdadero Uruguay de hoy, gobernado por los dizque “progresistas” (autodefinidos tales) de la “fuerza política”. Triste, a la deriva y, más allá de declaraciones ampulosas, con una sociedad cada vez más carente de armonía, que vive el desgaste de una forma de convivencia en la que la solidaridad constituía un valor tangible, y cuya sustancia es preciso recobrar, en el marco de tiempos nuevos.

Deja un comentario

required

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>