Michael Castleton
Michael Castleton

Así se dirigía Artigas al cabildo de San José en el año 1818.

Hoy las circunstancias han cambiado pero no por eso estas palabras de nuestro máximo prócer han perdido vigencia.

Hoy son perfectamente aplicables a la situación de nuestros hermanos venezolanos.

Su causa no admite la menor demora.

Venezuela va en camino de ser un estado fallido. Con la inflación más alta del mundo, la tasa de muertes violentas más alta del mundo de los países que no están en guerra, con su aparato productivo en lo más destruido, en lo menos paralizado por falta de insumos.

Venezuela, antaño ejemplo de solidez y prosperidad en el continente, y también en alguna medida en el mundo, se muere.

Se muere como nación, como ese conjunto de almas unidas detrás de un objetivo u objetivos mínimamente comunes. Se muere como sociedad civilizada, se muere entre una marisma de corrupción solamente comparable a la argentina, se muere ante una incapacidad de gobierno y gestión pocas veces vistas en la historia y quizás lo más triste y enervante se muere ante la tozuda ideología de quien ya ni siquiera vive ni fuera realmente un ejemplo de nada.

En efecto, el Tte. Cnel. Hugo Chávez Frías tuvo un gran mérito innegable, vendió un mito. Vendió el mito de que era mejor que sus antecesores. Disfrazó ese mito con un poco de historia al menos dudosa y Venezuela hoy colapsa. Ya no está en peligro de colapsar, lisa y llanamente colapsa.

El gobierno actual liderado, al menos para afuera, por un oscuro personaje que pasará a la historia como uno de los más ridículos e incapaces que hayan gobernado alguna vez subsiste en el poder solamente por el apoyo de las fuerzas armadas venezolanas. Fuerzas armadas que en su gran mayoría se han vendido a la plata fácil, a los negocios turbios, hasta a la venta de servicios y protección al narcotráfico internacional. Pero, se termina la fiesta.

El pueblo venezolano ya no aguanta más. Ha tratado por todos los medios constitucionales de hacer entrar en razones a Maduro y sus secuaces. No lo ha logrado.

La paciencia de esta gente es admirable, pero en algún momento la paciencia se termina y de no cambiar algo el Bogotazo de 1948 con sus linchamientos en la plaza pública, con sus degollatinas, será un juego de niños comparado a lo que acontecerá en la República de Venezuela.

Chávez Frías y sus acólitos construyeron una gran, una enorme mentira basada en una ideología perimida, ideas económicas de pan para hoy y miseria para mañana y quizás lo peor, encaramados en un figura histórica, quien para cualquier historiador serio es al menos discutible. Bolívar quien fue capaz de mandar a asesinar al vencedor de Ayacucho, al que terminó en los hechos con el proceso colonial español en América, el insigne Gral. Sucre. Bolívar quien fuera capaz de entregar a su mentor de todos los tiempos, Miranda, a una horrible muerte en las mazmorras españolas en Cádiz. Bolívar que más que un libertador de su pueblo pretendía ser una especie de monarca post colonial de todo el norte de nuestro continente.

Chávez Frías encontró una empresa petrolera rica como jamás había soñado por una coyuntura de alza en los precios del crudo, pero como siempre, totalmente cíclicos. Sin embargo con los lambebotas que siempre están o aparecen gastaron como si nunca la bonanza, heredada, se fuera a acabar. Gastaron como esos que reciben una gran herencia y no tienen ni idea de cómo hacerla producir, pero sí tienen muy buenas o malas ideas en cómo gastarla.

Venezuela ha tenido una historia tempestuosa desde el iletrado José Antonio Paez, presidente y dictador quien fuera llanero como Chávez Frías, pasando por Pérez Jiménez su cruel dictadura hasta la corrupción digna del mejor realismo mágico latinoamericano de Carlos Andrés Pérez. Historia que sin lugar a duda condiciona como es lógico todo lo que sucede hoy en ese país.

Si a eso le agregamos la tontera mil veces inoperante de un modelo populista – marxista como el que impuso Chávez Frías entonces lo que hoy viven los venezolanos era inevitable.

Mucho me temo que lo que vengo vaticinando desde que Chávez Frías llegara al poder se pueda concretar. Concretamente, que todo este berrodo termine en un derramamiento de sangre como nuestro continente no haya visto en decenios.

Hoy las crónicas hablan de una mediación papal. No se puede dudar, al momento, de las buenas intenciones del Papa Bergoglio en su interés de ayudar a solucionar el impasse en que en este momento se debate la situación de Venezuela. Lo que sí se puede dudar enfáticamente es de la buena fe de la banda de malhechores irresponsables que por esos vericuetos de la historia hoy desgobieran Venezuela.

Por lo tanto es difícil vislumbrar una salida negociada para ese país. Los atropellos han sido demasiados, la corrupción demasiada y la falta de un respeto mínimo al pueblo demasiada.

A veces la historia exige que los tumores se operen en procedimientos que son por definición cruentos.

Es muy posible que la banda de Maduro y del Tte. Diosdado Cabello sea un tumor demasiado profundo y difundido como para extirparlo con cirugía menor.

Debemos temer entonces que el pueblo venezolano deba eliminar ese tumor a como dé lugar pagando los precios que haya que pagar sin remedio.

En breve los venezolanos deberán escribir un nuevo capítulo de su historia, y, de la de nuestro continente.

La historia de los pueblos se escribe con su sangre. Difícilmente el pueblo venezolano escape a este axioma tan cruel como exacto.

Su causa ya no admite la menor demora.

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