Michael Castleton
Michael Castleton

Pareciera que en el mundo civilizado se empezara a generalizar una nueva forma de política.

Básicamente, ante el estrepitoso fracaso de las utopías socialistas y más recientemente, populistas, en el orbe la gente parece que en general acepta alguna forma de expresión democrática en materia de gobierno.

Esto claramente en los países más o menos civilizados, por desgracia, no en los que viven bajo el retrógrado puño de hierro del Islamismo fundamentalista.

Sea como sea, lo que parece claro en este tercer milenio es que existiera finalmente una percepción generalizada de que la democracia es el peor y el mejor sistema de gobierno.

Lo que esto lleva implícito es que si bien la aceptación del sistema como forma de gobierno se generaliza existe también una fuerte dosis de impaciencia con los defectos inherentes al sistema, ya sea de la democracia en sí o por las acciones de quienes les ha tocado en suerte o en trampa liderar esas democracias.

Es así que hoy en España, vemos el surgir de nuevos grupos que curiosamente, si bien localistas no basan sus acciones políticas sobre esas cuestiones sino sobre su desagrado con el ‘statu quo’ y sus representantes.

Convengamos que ni el PSOE ni el PP han tenido figuras descollantes para liderar a sus partidos y que el gobierno de Rajoy no ha sido de los más eficientes del pasado reciente en España.

Pero, en esa España pasional, regionalista a ultranza el nuevo Partido Podemos, por ejemplo, no basa esencialmente su plataforma  únicamente sobre esos regionalismos casi atávicos de los españoles sino con su desencanto con la dirigencia política de su país y propone cambios, sin duda, pero dentro de las estructuras del sistema de gobierno democrático que impera en ese país.

Brasil es otro buen ejemplo de este fenómeno. El PT con la Ec. Roussef a la cabeza ha ido de debacle en debacle, ha gastado por demás y mal, ha convertido a ese gran país en un exportador de ‘commodities’ exponiéndolo a los enormes y pronunciados vaivenes a los que estos productos son tan proclives en el mercado mundial con los consiguientes efectos negativos sobre la economía Brasileña. Lo peor, el PT ha permitido o tolerado niveles de corrupción como nunca se han visto en la historia de aquella enorme y poderosa nación. Lo de Collor de Melo es chimichurri al lado de los miles de millones de dólares que han terminado en manos de políticos Trabalhistas y sus adláteres. Sumas, enormes, escandalosas, vergonzosas para cualquier estado que se precie como tal.

Las protestas han sido multitudinarias y ha habido algún malestar militar, fundamentalmente en las estructuras de los muy poderosos  Cuerpos de Reserva de las fuerzas armadas.

Sin embargo nadie habla al menos por ahora de una salida que no sea democrática para ese país. No se siente en realidad ninguna voz con representatividad llamando a los cuarteles para cambiar el gobierno. Se percibe sin duda un enorme desencanto con el gobierno actual y con el partido de gobierno pero la población en general parece tener confianza en las instituciones y el proceso democrático, lo cual no es mala cosa desde el punto de vista histórico y social para ningún país.

Argentina con la inmensa, la enorme división que sufre, gracias en buena medida, a las acciones de la viuda Kirchner y sus secuaces, también parece haber adoptado finalmente y luego de tanta tragedia el camino de las urnas como forma de transformación política.

Nuestros primos de allende el plata parecen haber comprendido que las democracia con todos sus errores y horrores es mejor a las otras alternativas de gobierno a los cuales parecían tan afectos en el pasado.

En efecto, hoy parece conformarse en aquél país tan cercano a nuestros afectos una oposición organizada, seria y capaz de gobernar, lo cual hace muchos años, en realidad no se veía.

Salvo alguna enorme tontería de último momento por parte de la viuda Kirchner y los que la rodean todo parece indicar que Argentina se encamina hacia unas nuevas elecciones presidenciales y provinciales en relativa paz y en democracia. Un cambio histórico y sin lugar a duda positivo para lo que es en definitiva si no el, uno de los países más ricos del mundo.

Es así entonces que pareciera verse en el mundo civilizado un especie de consenso tácito sobre los beneficios de la democracia en oposición al ya clásico péndulo entre gobiernos de fuerza y gobiernos demócratas a medias, que caracterizaran a tantos países en el planeta en el siglo pasado.

Hasta Rusia con su violenta kleptocracia al mando del Cnel. Putín da señales de ciertas tendencias claras hacia un sistema de gobierno nominalmente democrático que posiblemente llegue a serlo realmente en un futuro no muy lejano. No por ninguna virtud especial de la Federación Rusa sino por el peso de la historia y los evidentes beneficios del sistema. El peor, hasta que vemos las alternativas, parafraseando al gran Winston Churchill.

Desde el punto de vista histórico es una pena que las democracias establecidas y las que van en vías de serlo se vean enfrentados a un Islam expansionista, salvaje y antediluviano en su pensamiento.

Una democracia, por definición, es sólo tan fuerte como la voluntad de sus integrantes en defenderla.

La democracias de occidente unidos por sus comunes bases éticas judeo-cristianas y por el propio sistema, deberán ser especialmente fuertes en la defensa de sus principios ante un enemigo como el Islam salvaje de los fundamentalistas Sunníes que hoy dominan una parte creciente del Levante y pretenden expandir su influencia en el mundo a como dé lugar.

Los Demócratas del mundo deberemos buscar y lograr el difícil objetivo de mantener nuestra condición de sociedades tolerantes, libres y civilizadas mientras nos defendemos de hordas de islamistas que no tienen nada de eso. Difícil tarea si la hay.

La interconexión, el interrelacionamiento de las democracias del mundo sin duda que ayudarán en ese sentido. Lo que no puede dudarse es que las democracias de occidente y porqué no, oriente, deberán volverse cada vez más interdependientes no sólo económicamente sino políticamente ante los evidentes peligros que acechan en el escenario mundial.

Lo importante y volviendo a la tesis germinal de este escrito es que cada vez, en forma una tanto errática es cierto, la democracia parece afirmarse en el mundo civilizado. Es más, es hoy sinónimo de civilización en el gobierno de los pueblos.

El camino por delante tendrá idas, venidas, curvas y contracurvas pero parece que vamos en buen sentido desde el punto de vista político.

La gran lástima es que no podamos convencer a nuestros congéneres Islamistas de esto.

Será cuestión de, como decía Teodoro Roosevelt, hablar despacio pero llevar un gran palo.

Por desgracia y sin duda, un gran palo.

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