Raquel Trobo
Raquel Trobo

Nos disponemos observar  otro de los costados, del tan comentado caso del peón rural castigado. Se trata de  la lectura política de ancestrales conceptos, que define a la mayoría ciudadana.

El mismo deviene de una lente Batlli-Frentista.

Conviene aclarar que este vocablo, que adjunta dos colectividades, nace de la real fusión histórica de ambas: El Socialismo en que Batlle se inspiró en la conducción del país, entronca inevitablemente en los movimientos de raíz marxista, que se fueron instalando y consolidando desde principios del siglo pasado.

Tal fusión generó a su vez una corriente de pensamiento, que sólo excluía al Partido Nacional. Los Colorados buscaron la preeminencia de la Capital Montevideo, contra el Interior, en que los Blancos estaban afincados.

Batlle aseguraba “apostar por la clase media”, tendiendo así, a “que los ricos fueran menos ricos y los pobres menos pobres”.

La premisa, llevó de la mano a un Estado Intervencionista y re- distribuidor, es decir la filosofía que nutre a los regímenes de la Izquierda.

Abundan las comprobaciones de que ese camino político, genera posturas paternalistas y corrupciones cupulares, atenuando sensiblemente las “bondades” prometidas. Obviamente ello sucede con mayor o menor intensidad en el tiempo y en el alcance de las actitudes desleales de los gobiernos y los respectivos personajes.

Referimos a los 93 años de desempeño de gobiernos del Coloradismo, y de lo que exhibe el actual régimen presidido por Vázquez, con notoria y profunda descomposición.

Nótese que a pesar de todo, a las dos corrientes, se les sigue atribuyendo la premisa de “acompañar a los humildes”

Mientras tanto, el inconsciente colectivo dotado de ese bagaje, lleva ínsito un componente de rechazo al origen Blanco, con mayor énfasis en aquel que vive en el campo. Ni hablar si es poseedor de tierras, aunque sean pequeñas.

La historia política  de todo el siglo pasado lo demuestra, con elecciones que marcaban preferencia hacia el Coloradismo, no por ser mejor administrador, sino por la antes generada falta de neutralidad de la Opinión Pública.

El corolario, es que hace más de ciento y pico de años, se viene alimentando la lucha de clases y en este período ya,  con énfasis desestabilizador.

Véase que en el punto de comienzo de este análisis, ante la noticia del peón rural lastimado, -desde las redes sociales- supo salir un “malón” a decir que el dueño de la estancia de marras era Blanco, lo cual parece que cerraba perfectamente, con el maltrato al pobre peón, víctima de un terrateniente abusador.

Las dos conclusiones finales, que nos parecen evidentes son:

1) Que supervive recortadamente la figura del “antiblanquismo” que siempre resaltamos desde esta columna

2) La presencia radical y tenaz de la “lucha de clases” que paraliza –ni más ni menos- la buena marcha social y del propio país.

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