Dr. Pablo Abdala
Dr. Pablo Abdala

“El tiempo que viene inmediatamente será, como siempre, de apuntalar al Uruguay y trabajar para solucionar las urgencias de la población, poniendo ideas y arrimando el hombro, fieles a nuestra mejor tradición”

 

El cierre del año, y la última edición de La Democracia correspondiente a 2016, invitan al balance y la reflexión. Sin embargo, más allá del calendario, no parece prudente ni realista sacar conclusiones definitorias, en ningún sentido, por el solo hecho de que un año concluya. El proceso político, como los procesos económicos, continuarán su curso apenas despunte 2017, y la vida prolongará su marcha.

En buen romance, lo que viene es solo un cambio en el almanaque. De todas formas, y aunque el país seguirá enfrentando idénticos problemas transcurrido ese cambio, no está de más preguntarnos, en estas fechas, qué hicimos por la sociedad en el año que termina y, sobre todo, qué nos queda por hacer en los años que vendrán. Con ese alcance, el balance resulta útil e, incluso, necesario.

Para el Partido Nacional, el compromiso con el interés general es tan antiguo como su propia existencia. 2016 fue el año en el que celebramos los primeros 180 años de nuestra vida, y todos los actos y evocaciones que se cumplieron resultaron, además de justas recordaciones, la reafirmación del inigualable servicio al país realizado por nuestra colectividad política. No en vano, ni por capricho, se la conoce como el Partido de la Nación.

Todos los uruguayos asistieron, personalmente o a través de los medios de comunicación, al ciclo de homenajes programado por el directorio. Muchos, con el fervor del militante o la adhesión del simpatizante o votante; los demás, con el respeto y la silenciosa admiración de quienes, sin ser partícipes o, aún, siendo adversarios, saben que la historia del Uruguay no puede entenderse – y que el país no sería el mismo – sin el aporte del Partido Nacional. Oribe, Leandro Gómez, Saravia, Herrera y Wilson, son nombres que los uruguayos acostumbran a asociar a los conceptos de independencia, soberanía, libertad y justicia social, más allá del grupo político al que pertenezcan o del partido por el que voten.

Sin embargo, el año que culmina importa más en la perspectiva de los próximos 10 que de los pasados 180. El Partido es heredero de aquella maravillosa tradición, pero su mayor responsabilidad sigue siendo, como siempre, el futuro del Uruguay. En nuestra condición de primer partido de la oposición, y de principal opción de cambio, cabe que nos planteemos qué dejó el 2016, y que nos espera en el 2017.

Por cierto, las respuestas a tales interrogantes siempre son materia opinable y, al respecto, las valoraciones resultan legítimamente subjetivas. También es verdad que, cualquiera sea el punto de vista, es imprescindible tener claros los escenarios y manejar las coordenadas apropiadamente, es decir, en consonancia con los objetivos. Y el Partido Nacional, para servir a la sociedad en este particular y complejo momento, debe perseguir dos: ejercer cabal y responsablemente la oposición, para garantizar la transparencia y contener los desbordes del Poder Ejecutivo; y construir el proyecto alternativo para conducirlo al gobierno en 2019, y así cambiar definitivamente al país. En ambos planos, desde nuestro punto de vista, el balance de lo hecho es ampliamente satisfactorio. Sin perjuicio de lo cual, los desafíos son muy grandes, y es mucho lo que queda por realizar.

El año que se va fue muy complicado para el Uruguay. Fue el año de la desaceleración económica y del ajuste fiscal. Se perdieron miles de puestos de trabajo, los ingresos cayeron en términos reales y, por lo tanto, la gente vio reducido su bienestar. Una vez más, el Partido Nacional debió cumplir su intransferible misión de ser la voz de los ciudadanos y, a la vez, de sostener y garantizar la estabilidad institucional. Marcamos los errores, señalamos los incumplimientos, denunciamos las irregularidades, pero jamás llevamos la intensidad de nuestra crítica, o la dureza de nuestra acción, hasta límites que pudieran dañar la gobernabilidad del país. Como nos enseñó Wilson, “al país todo, al gobierno lo que merezca”.

Esa actitud espiritual – la nuestra – es la de un partido – el nuestro – que actúa de acuerdo a sus responsabilidades del presente y que, además, tiene conciencia de que en poco tiempo le tocará gobernar, lo que acrecentará su responsabilidad. El estado de opinión que reflejan las encuestas, que es lo que se percibe claramente en la calle, parece indicar, cada vez más, que el ciclo del Frente Amplio en el gobierno se va cerrando. Que la gente advierte que el gobierno ya no podrá honrar los compromisos contraídos en la campaña electoral (rebaja de impuestos y disminución de los delitos, entre otros). Y que, por lo tanto, es indispensable la alternancia de los partidos, circunstancia saludable y natural en la democracia, para que los ciudadanos sigan siendo dueños de su propio destino.

La culminación de un año, y el advenimiento de otro, nos acerca a esa realidad. No obstante, por el bien del país, la ansiedad no debe traicionarnos ni nublarnos el pensamiento, porque es mucho lo que resta. El tiempo que viene inmediatamente será, como siempre, de apuntalar al Uruguay y trabajar para solucionar las urgencias de la población, poniendo ideas y arrimando el hombro, fieles a nuestra mejor tradición. Si el gobierno no quiere buscar salidas, porque tiene bloqueada la posibilidad de entenderse con nosotros, es su problema y no el nuestro. Seguiremos ayudando al país con la mayor entrega. Y, que quede claro, seguiremos trabajando para ganar las próximas elecciones, porque un gobierno del Partido Nacional es lo mejor que le puede pasar al Uruguay.

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