Dr. Jorge T. Bartesaghi
Dr. Jorge T. Bartesaghi
14/10/16
14/10/16

En el reino animal nadie más capacitado que nuestro Teru- Teru  para desviar la atención de quienes suponga puedan disturbarle. Capacidad sólo superada, en nuestro reino humano, por el Frente Amplio, verdadero especialista en trasladar el centro neurálgico de los problemas que afectan a la sociedad, desviando la atención de la ciudadanía  hacia zonas inocuas donde no peligre la continuidad del camino trazado.

Recientes episodios de violencia que han puesto en evidencia los graves niveles de inseguridad ciudadana, que solo son la reiteración de otros que día a día nos dejan atónitos, aunados a extemporáneas y por cierto que infelices declaraciones del Ministro del Interior, han colocado a la oposición en la ineludible obligación de interpelar al Ministro Bonomi.

Así lo ha solicitado el Senador Pedro Bordaberry con el apoyo manifiesto de la oposición toda, que de una u otra forma ha hecho saber su voluntad de acompañar el pedido de censura, consecuencia natural prevista para el caso de que sus explicaciones resulten insatisfactorias.

A partir de la palabra censura el Frente Amplio montó un escenario ficticio pretendiendo, maliciosamente, asimilar el proceso de interpelación ministerial y la eventualidad de explicaciones que resulten insatisfactorias, a un acto de desestabilización institucional, antidemocrático por naturaleza. Pretende de esta forma trasladar el centro de la cuestión, -que no es otro que el drama de la inseguridad ciudadana y la necesidad de corrección del rumbo rector de quienes la tienen a su cargo-, a un falso enfrentamiento sobre valores institucionales que nada tienen que ver con el proceso en análisis.

A pesar de que resulte obvio, en cuanto están pacíficamente admitidos por la unanimidad de los analistas de nuestro Derecho Constitucional, nos parece imprescindible reiterar conceptos que se han pretendido interpretar maliciosamente.

La interpelación de un ministro de estado es el más importante instrumento con que cuenta el Poder Legislativo para dar cumplimiento a su obligación de contralor del Poder Ejecutivo.

Es el mecanismo y oportunidadpolítica para que el Parlamento comparta, convalide las explicaciones del Secretario de Estado sobre el punto específico por el que fuere citado. Si así no fuere, si sus explicaciones no se consideraren suficientes, la Cámara tiene la facultad de censurarle, indicando claramente al Poder Ejecutivo la necesidad de remoción del Ministro.

Si el Presidente sustituye al Ministro termina el proceso. Si considera que no debe hacerlo, que corresponde mantenerlo en el cargo, se abre sí el procedimiento legítimo de disolución de las Cámaras, y obligada convocatoria de elecciones.

Hasta aquí el análisis de la situación jurídica en un plano absolutamente teórico. En la práctica, en la realidad actual, todos sabemos que dicha situación es absolutamente imposible en cuanto las mayorías absolutas y regimentadas con que cuenta el partido de gobiernoimpedirían prosperara cualquier moción de censura al ministro.

Entonces queda al desnudo la mala intención con que ha actuado el partido de gobierno, en cuanto ha pretendido montar un escenario ficticio, falso diríamos, donde la acusación de agresión a la institucionalidad del país llevaba como único objetivo distraer la atención del ciudadano del real problema que nos acucia: la creciente e intolerable inseguridad ciudadana y la ineludible responsabilidad del Ministro Bonomi. Al mejor estilo del tero.

A nadie se le oculta que esos niveles de inseguridad han crecido exponencialmente, se han extendido a lo largo y a lo ancho, han incrementado su virulencia y no existen indicadores ni proyectos que nos permitan ilusionarnos con alguna solución, aún en el largo plazo.

Sin caer en simplificaciones, y reconociendo la multiplicidad de causas del fenómeno, no podemos ocultarnos que las funciones policiales de prevención, disuasión y represión no han dado resultados positivos.

Nadie duda que nuestro sistema de seguridad ciudadana está absolutamente superado por el crecimiento cualitativo y cuantitativo de la delincuencia, y lo que es peor, que no existen propuestas que permitan imaginar la solución del problema.

Y del fracaso de la acción policial, de su ineficiencia e incapacidad para enfrentar el fenómeno creciente, no existe otra opción que responsabilizar al jerarca del servicio, que no es otro que el Ministro del Interior.-

El Poder Ejecutivo, específicamente el Presidente de la República , ha evidenciado especial desinterés, reticencia al menos, frente al reclamo unánime, no solo de la oposición en cuanto “staff político” sino de toda la ciudadanía de a pie que reconoce la situación reinante e implora por soluciones urgentes. Seguramente, más que una definición personal del Presidente, esta postura este determinada por las insalvable diferencias internas de los grupos mayoritarios que, más allá de su ideologías, no admiten ceder posiciones en la interna frenteamplista.

El Poder Ejecutivo deberá entender la imperiosa necesidad de presentarle a la población otras posturas, más frescas, que le permitan retomar la esperanza de una mejoría que hoy no avizora.

El Frente Amplio no puede desoír la urgente necesidad de intentar cambios, no debe tratar de distraer la atención sobre los reales problemas, y, menos aún, montar falsos escenarios con la intención de confundir la ciudadanía. Tampoco puede ensayar mecanismos de defensa tratando de involucrar, de culpar, a otras instituciones, como lo acaba de hacer el senador Michelini responsabilizando al Poder Judicial con falsos argumentos, que solo sirvieron para poner de manifiesto una ignorancia supina, de la que tuvo que disculparse.

En suma, es imprescindible la sustitución de los mandos rectores de una política que ha fracasado. Admitámoslo, aceptemos la realidad y el reclamo, y no nos ocultemos intentando desviar la atención. La gente no es tonta, todos saben dónde está el nido.

Deja un comentario

required

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>