Michael Castleton
Michael Castleton

Dijo el General  Saravia: “hace infinidad de años que nuestro país, cuyos destinos han sido usurpados por una agrupación de malos ciudadanos, viene sufriendo una situación desesperante, tanto en el orden público como en el orden civil.

En el orden civil o administrativo se defrauda los dineros del pueblo de una manera escandalosa convirtiendo los asuntos públicos en negocios leoninos, persiguiendo al comercio y la industria, abatiéndolos en vez de fomentarlos, con impuestos y trabas onerosas; se aumenta la deuda pública a cifras fabulosas, a pesar de presupuestos enormes que, no obstante, concluyen siempre con déficits ,y realízanse negocios de empréstitos ruinosos y operaciones financieras ridículas, con el solo objeto de cobrar coimas…”

Estas palabras fueron leídas por Don Abdón Aroztegui el 5 de marzo de 1897 tras cruzar el ejército nacionalista el Rio Negro muy cerca de la frontera con Brasil.

Esas palabras marcaron el inicio de la patriada de 1897 que a su vez fuera el inicio de la construcción del país que hoy conocemos.

Rara vez vemos que conceptos vertidos en una proclama como la de 1897 mantengan tan contundentemente su vigencia.

Nuestras últimas guerras civiles fueron el fin de una forma de vida en nuestra campaña. El gauchaje encerrado por los alambrados del Cnel. Latorre y el progreso, en muchísimos casos se concentraban en abyecta pobreza en lo que dieron a llamar pueblos de ratas.

Nuestro General le dio a estos centauros de las pampas, al decir de alguna crónica contemporánea, las posibilidad de sus últimas patriadas y éstos con su sangre generosa derramada en nuestras cuchillas y nuestras campos hicieron posible, sin saberlo quizás, al Uruguay moderno.

Mal que les pese a muchos, de las guerras civiles salieron dos aspectos fundamentales que han marcado nuestra historia hasta el día de hoy.

 

 

Los Blancos con nuestro General a la cabeza a precio de coraje, tenacidad y sangre lograron que nuestro país no fuera un país de partido único como de alguna manera pretendiera Batlle y Ordoñez con sus propuestas de reforma constitucional. Por su parte los colorados con Don José Batlle y Ordoñez a la cabeza propulsaron al país a una modernidad fáctica y política que claramente impidiera que Uruguay fuera otra más de las oligarquías en Latinoamérica, algunos de los cuales que hasta hoy subsisten.

Es bueno recordar todo esto. Es bueno porque nuestro país sin duda que se aproxima a tiempos políticos complejos; no porque la mayoría de los ciudadanos lo hayamos buscado, sino por la inactividad de malos ciudadanos que de esta manera han dejado crecer como un cáncer en el poder al sector más cerril, más retrógrado, más inherentemente incapaz de gobernar que ha conocido el país, quizás, y sin quizás, desde Idiarte Borda y sus contubernios, justamente lo que provocara las gestas políticas finiseculares del Gral. Saravia al frente del Partido Nacional en armas.

Los tiempos a Dios gracias han cambiado. Nadie habla hoy, o muy pocos lo hacen, de revivir revueltas armadas en lugar de los caminos democráticos. Es bueno que así sea.

De lo que no puede haber duda es que para los que hoy que manejan el Frente Amplio la misma democracia que tanto defendió y defiende nuestro partido no es un fin en sí mismo, es nada más que un medio para llegar a sus fines políticos que justamente muy lejos están de la libertad individual y la democracia.

De ahí surge la importancia de la unión de enemigos de antaño ante tamaño peligro. La nación en manos de malos orientales peligra.

No podemos, no debemos darnos el lujo de que nos ganen el país, nos ganen por inacción.

No podemos, no debemos dejar que por respeto y adhesión a los principios democráticos el vulpino e ignorante Sr. Mujica y sus compañeros de ruta le roben el país a nuestros hijos y nietos.

Hoy somos, blancos y colorados, la oposición. Pues debemos hacer lo que debemos que es oponernos, en las cámaras, en la calle, en las tertulias, en la campaña y donde sea menester llevar nuestra prédica de libertad y democracia ante la terrible opción de colectivismo liberticida que defienden Mujica Cordano y sus seguidores.

No es fácil, ni será cosa de un día pero debemos dejar de pactar con el diablo de una buena vez y reconocer que nuestros objetivos son bien distintos. Por un lado la democracia y la libertad personal y por otro la opresión, la inevitable extinción de las libertades personales e

 

inevitablemente de nuestros derechos civiles tan difícilmente conquistados por buenos y abnegados orientales.

Tampoco podemos volver a tiempos donde un tío lejano de mis hijos dijera “a los blancos ni un vaso de agua“. Pero sí debiéramos acordarnos de las palabras de Ferreira Aldunate cuando dijera “al país lo que se necesite, al gobierno lo que se merece”.

Este gobierno cada vez merece menos y nos lleva por caminos harto inciertos que la mayoría de los orientales no queremos ni ciertamente apoyamos.

Esas mayorías tenemos representantes electos. Es tiempo de que estos cumplan la función por la cual les pagamos. Oponerse, oponerse y oponerse de nuevo.

Por supuesto que no será fácil ni sencillo pero implica percatarnos de lo que está realmente en juego acá. Implica decidir si una minoría nos va a llevar por caminos de tanta tragedia como han llevado a los pueblos venezolano o cubano o si seguiremos nuestro camino propio de civilidad, libertad y parafraseando a nuestros vecinos del norte, orden y progreso.

Inexorablemente vienen tiempos de decisiones, tiempos de tomar posiciones, no habrá otra manera de salvar nuestra república.

No podemos dejar que suscedan episodios lastimosos, absurdos, como los del Sr. Sendic Rodríguez de nuevo.

No puede, no debe permitirse de nuevo, que personajes como éste que tanto daño le han hecho a nuestra república se vuelvan tan campantes a su casa solamente con renunciar a su cargo.

El Sr. Sendic Rodríguez debía irse ya que su permanencia en el poder era una afrenta a nuestra democracia y a nuestro sentido común.

Pero no podemos permitir que ni él ni los como él se aprovechen de nuestra democracia con el fin final de destruirla y luego se vayan tan campantes sin pagar costos políticos por sus mentiras, engaños, manifiesta incapacidad y posiblemente deshonestidad.

El tema no es fácil ni sencillo, reitero, pero en la vida de los individuos y también de las naciones hay que hacer lo que hay que hacer.

Nuestros representantes deberán ver la forma de hacer lo que se debe. La gran mayoría del pueblo oriental y todos los Blancos estarán de pie y unidos para lo que fuera menester.

No nos dejemos robar la república. No, y mil veces no.

Las palabras del General Saravia no podrían ser más aplicables al dia de hoy. Vienen como anillo al dedo a lo que estamos viviendo los orientales.

No debemos olvidarnos de ellas.

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