Francisco Faig
Francisco Faig

En este año quedó claro que se agotó cualquier impulso relevante que cambie la realidad educativa y de seguridad.

 

Estamos cerrando el año en La Democracia y como es costumbre vale la pena hacer un balance de lo principal que ha ocurrido y de las proyecciones que hay por delante políticamente hablando.

1) Por primera vez el Frente Amplio gobernante se quedó sin mayoría automática en Diputados. Eso puede cambiar el juego de responsabilidades políticas, que implique incluso alguna censura ministerial. Pero precisa también de una coordinación del amplio espectro no-frenteamplista que no será sencilla de obtener. Es un cambio; no sabemos aún cuán grande es. A priori, me parece que no mucho, porque la extrema izquierda juega un partido distinto que el resto del arco opositor, y su diputado podrá alinearse con el Frente Amplio (ya lo hizo).

2) Al finalizar el año el escenario económico parece menos malo que lo que se podía pensar. La inflación no se disparó; el precio de nuestras exportaciones no se hundió; la temporada de verano se anuncia buena; el ajuste fiscal no será pagado sobre todo por los más pobres. Aquellos que pensaron que la crisis podía desestabilizar lo político, como pasó en Brasil por ejemplo, se terminan topando con un escenario un poco distinto.

3) El Frente Amplio seguirá con su agenda de cambios institucionales que implica insistir con una reforma constitucional de contenido poco definido aún. Será tema de 2017, a pesar de que los moderados de la coalición quieran evitarlo. En general, el peso ideológico de los más radicales irá en aumento alejándose así del éxito de la seducción ejercida todos estos años por los dirigentes más viejos sobre nuestras clases medias conservadoras.

4) El escenario opositor verá el fortalecimiento de la opción Novick. ¿Cuánto? No se sabe y será función también de la capacidad de reacción de los colorados al importante desafío que tienen planteado con el surgimiento de esa figura de ese origen político. Allí hay una fuerte incógnita que apareció en este 2016 y que se dilucidará en estos años. Pero cuidado: así como va, no es impensable que el Partido Colorado en este escenario termine disputando, como gran objetivo, llegar al 10% del electorado.

5) En este año quedó claro que se agotó cualquier impulso relevante que cambie la realidad educativa y de seguridad. Todo será para peor y no tendrá ningún arreglo de aquí a 2020 al menos. Es un dato gravísimo pero real e inapelable.

6) Si bien en el Frente Amplio el tema candidaturas cada tanto se plantea, nada cambió de lo sustancial: el candidato será Mujica, a no ser que Mujica prefiera no serlo. Pero será una decisión personalísima de él que dependerá también de su estado de salud y perspectivas hacia 2019. Todo lo demás es puro cuento, aunque sea razonable pensar que por las dudas ya se van preparando Martínez y Astori.

Con todo este panorama no participo de ningún argumento que crea que este año 2016 ha sido bisagra, o que permita avizorar una alternancia posible para 2019. Que el Frente Amplio esté en muchas dimensiones agotado no quiere decir que no tenga fuerzas para seguir ganando.

Finalmente, llevado este razonamiento y balance a la interna partidaria, es claro que el Partido Nacional tiene un papel a cumplir en el Parlamento con este nuevo escenario que profundiza su acción opositora. Está muy bien. También es claro que tiene un polo conformado y expectante en torno a la candidatura de Lacalle Pou.

No sé en qué terminen los movimientos que se han dado este año y que atañen a la otra pata del Partido que lidera Larrañaga. Pero sí dos cosas sobre todo eso: primero, que hoy en día resulta imposible pensar que no habrá interna competitiva en 2019; segundo, que si bien todo acomodo político-sectorial es natural en estos tiempos de interregno electoral, el desafío mayor no es la interna sino la articulación de un arco opositor que va ganando en complejidad (no siempre fraterna, además).

Concentrarse en ese foco relevante de acción colectiva que muestre capacidad de gobierno alternativa y plural, y no en las minucias de entrecasa, será el gran desafío de los próximos años. Permítanme ser pesimista. Creo mucho más que en los próximos meses los blancos estaremos pendientes de nuestra internilla; que todos estarán preocupados por la aspiradora Novick; que los colorados dudarán entre abandonar ese barco y pasarse con Novick o calafatearlo un poco y navegar con él sin hundirse bajo el 7%; y que el Partido Independiente seguirá queriendo mostrar que es independiente y seducir así a los desencantados astoristas para ver si entonces supera el 5%. La sensación que se transmitirá no será de capacidad de articulación y proyecto colectivo compartido alternativo.

Feliz 2017 para todos, y gracias a La Democracia por este formidable espacio de opinión en libertad.

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