Fernando Patrón
Fernando Patrón

Con la finalidad de que al evaluar situaciones y exponer conclusiones a la ciudadanía distingamos entre los principios del Partido Nacional (PN) y lo políticamente correcto, analizaré dos hechos ocurridos recientemente: las declaraciones del diputado Álvaro Dastugue (PN), referentes a su oposición y propuesta de revisión a las leyes de matrimonio homosexual, despenalización del aborto y estatización de la producción, distribución y venta de marihuana y las del expresidente y Senador frenteamplista José Mujica en el Parlamento con relación a la posible financiación de su partido (Movimiento de Participación Popular-MPP/Frente Amplio –FA) mediante actos delictivos de las llamadas tupabandas.

En el caso de Dastugue, sectores frenteamplistas (Partido Socialista, IR y Juventudes Socialista, Comunista, Demócrata Cristiana, Vertiente Artiguista y Nuevo Espacio), emitieron comunicados de “repudio enfático a cualquier intento de mutilación de derechos hijos de la lucha social y popular”, expresando además que “el FA transformó la estructura de oportunidades de los movimientos sociales, los cuales respaldados por la fuerza política generaron una mayor apertura a la discusión en torno a temas tales como la salud sexual y reproductiva, los derechos de los colectivos LGBT, la regulación del mercado de cannabis, el ejercicio de derechos de la población afrodescendiente en nuestro país y de las personas con discapacidad y derechos de las personas migrantes, agenda de derechos  de los más duros embates de la derecha nacional”. A su vez, emplazaron a las autoridades nacionalistas a “indagar sobre la representatividad del Partido Nacional en esas declaraciones y a condenarlas por homofóbicas y machistas”. No faltaron los programas de TV conducidos por militantes frenteamplistas disfrazados de periodistas ”objetivos”, con la única presencia de dirigentes del FA exteriorizando su opinión y descalificando a quienes  no piensan como ellos aprovechándose de que no pueden contestar.

Inmediatamente varios dirigentes blancos expresaron en sus cuentas de redes sociales no compartir la posición del diputado Dastugue sobresaliendo los precandidatos presidenciales Larrañaga y Lacalle Pou que manifestaron respectivamente: “Los derechos no se tocan. No permitiremos que se afecten conquistas. En esto ,ni un paso atrás” y “No compartimos la visión expresada por un diputado del Partido Nacional sobre derechos que están reconocidos”.

La Senadora Verónica Alonso (PN) replicó: “A Dastugue lo tiraron a la hoguera de las redes sociales y algunos medios por el solo hecho de pensar diferente. Sí, ya sé que algunas de ellas no he votado, o no han sido votadas por muchos legisladores del Partido Nacional, pero también es cierto que muy pocos creen que se deben eliminar todas esas nuevas leyes”. Desconociendo que Dastugue, opuesto a tales leyes, propuso revisarlas, Alonso -tras el ataque a Dastugue y ya que ella tanto predica el diálogo con el gobierno frenteamplista- no aclaró a la opinión pública que quien no quiere dialogar es el FA.

Como corolario de todas estas estas acciones reactivas de nuestros dirigentes a los estímulos de lo políticamente correcto y obedeciendo al emplazamiento directo de grupos frenteamplistas y al indirecto de la “prensa compañera”, el Directorio del PN emite un comunicado reivindicando “la libertad de expresión y el derecho de todos los individuos a vivir según sus convicciones personales sin más restricciones que las derivadas del ordenamiento jurídico” y advirtiendo que “las únicas opiniones válidas como posición partidaria son las emanadas de las autoridades orgánicas del partido”.

Todos los legisladores blancos votaron en contra de las leyes de despenalización del aborto y estatización de la producción, distribución y venta de marihuana y una considerable mayoría (16 a 9) votó en contra del matrimonio homosexual; leyes que Dastugue critica y solicita revisar si el Partido Nacional llega al gobierno, habiendo antes manifestado su respeto hacia las opciones de vida personales.

La mínima tarea que compete a los legisladores sobre la interpretación del derecho ya sea para generar leyes como reglamentarlas, es revisarlas y para ello recurren a la historia fidedigna de su sanción; porque si el FA, además de abusar de las mayorías parlamentarias para impedir las comisiones investigadoras, mantener el apoyo político a ministros severamente cuestionados, no permite revisar leyes, ¿qué tarea le queda al Parlamento? ¿Qué resta de la democracia republicana? Si son coherentes, que propongan disolución de las Cámaras, pues de eso tienen experiencia (“En reiteración real”, La Democracia Nº138, 28/6/2013 y “Tupas, Amodio y FA vs. Wilson”, La Democracia Nº184, 21/8/2015).

¿Desde cuándo autoridades y dirigentes del partido de Oribe, Leandro, Aparicio, Herrera y Wilson, precursor de las revoluciones liberales y constitucionalizador de derechos humanos (de los que el FA se adjudica la conquista), ceden ante el emplazamiento de grupúsculos frenteamplistas aceptando su contenido falso y corriendo en direcciones contradictorias, inciertas y políticamente correctas? ¿A nosotros con ese tipo de embestidas nos dicen a quién debemos corregir,cuando sabemos que ante la sociedad simulan tolerancia, diversidad, inclusión, etc., ocultando sus verdaderas convicciones totalitarias?

Deberían ocuparse de emplazar a sus dirigentes que apoyaron el Golpe de febrero de 1973, enviaban cartas adulonas a los representantes de la dictadura y pactaron con ella en el Club Naval durante agosto de 1984 negando los derechos humanos a cambio de elecciones favorables. ¿Por qué no arremeten contra el Presidente frenteamplista Tabaré Vázquez que durante su gobierno anterior (2005-2010) se opuso, vetó y obstaculizó la aplicación de la ley de despenalización del aborto y que conjuntamente con el Canciller Nin Novoa sostienen que en Venezuela hay democracia? ¿Tampoco requerirán pronunciamiento de la Mesa Política del FA respecto del hijo de Tabaré Vázquez, Álvaro Vázquez, quien manifestó su oposición al aborto, el feminismo y a las “provocaciones en las marchas del orgullo gay” agregando que fue a votar por la activación de un referéndum contra la ley de despenalización del aborto?

En cuanto a las palabras de Mujica con relación a la posible financiación de su partido (Movimiento de Participación Popular-MPP/Frente Amplio –FA) mediante actos delictivos de las tupabandas, el expresidente señaló que, viviendo de la chacra debió disponer sus recursos a la campaña del MPP y Radio CX 44 con el fin de pagarle a los empleados por el cierre de la misma, provocándole esto su alimentación reducida durante largo tiempo. Continuó diciendo que es posible 3 o 4 compañeros hayan desviado su camino, no le tenía miedo a dejar sus fueros para declarar ante la Justicia 0

(¡bueno fuera que se negara!) y afirmó que no será candidato a la presidencia.

Evidentemente Mujica no responde al tema tratado, nada aportó al respecto sino el desvío del asunto a su historia personal. Además, es inentendible no haya votado la Comisión Investigadora pertinente, habiendo dicho que algunos de sus compañeros podrían haber torcido el rumbo y que no tenía miedo a dejar los fueros y dirigirse a la Justicia. Sin embargo, legisladores de la oposición como Pablo Mieres (Partido Independiente-PI), Pedro Bordaberry (Partido Colorado-PC) y Sebastián Da Silva (PN),accediendo al señalero de Mujica, destacaron “su honestidad”.

¿Procede honestamente quien desvía el tema y vota contra la formación de la Comisión Investigadora?

Ya es tiempo que decidamos si actuaremos bajo los principios del partido sustentados en la conducta de nuestros caudillos o si seguimos la senda políticamente correcta hacia el destino que marca el FA creyendo que con ello obtendremos votos desconformes de la autotitulada izquierda.

One thought on “Acorralados en lo políticamente correcto

  1. Como blanco, que realmente quiero a mi Partido, que con ideales acuñados desde los primeros escarceos libertarios, por prohombres que con su acción fueron moldeando un ideario que conforma en definitiva, el cerno del Partido Nacional.

    Así Oribe con su lema “Defensores de las Leyes”, funda nuestro Partido y desde entonces el honroso fin de preservar y salvaguardar la independencia de la Nación, el sistema republicano representativo de gobierno y el orden institucional, banderas de su lucha, se constituye en la base de ese ideario, que será enriquecido por el pensamiento y la acción de otras figuras. Figuras que no ocupan lugares destacados en la historia oficial, mas en la historia de nuestro Partido son acreedores de reverencioso reconocimiento.

    Timoteo Aparicio con la Revolución de las Lanzas en el 1870, desde Paso Severino inicia la lucha emprendida contra el exclusivismo del Partido Colorado, que niega la participación en el gobierno, y además ejerce una brutal persecución a los integrantes del Partido Blanco. Un aporte más a nuestro ideario: gobierno participativo.

    Francisco Lavandeira, que con su manifiesto programático “El Club Nacional”, da origen al nombre actual de nuestro Partido, con solo 27 años cae herido mortalmente en el atrio de la Iglesia Matriz, cuando los “Candomberos” -tradicionalistas colorados- intentan apoderarse de la urna en que se depositaban los votos en la elección de Alcalde y Defensor de Menores de Montevideo. Aquella acción en defensa de la pureza del sufragio, es otro honroso jalón que inscribe con sangre un ítem más de las sagradas ideas defendidas por el Partido Nacional.

    Aparicio Saravia cayó en Masoller, defendiendo el Pacto de la Cruz de setiembre de 1987, no cumplido por el gubernista Partido Colorado.

    Más tarde Herrera defiende obcecadamente la no intervención en asuntos internos de otros países y la neutralidad del País, impidiendo el establecimiento de bases norteamericanas en el territorio.

    Después “el Toba” Gutiérrez Ruiz en su lucha contra la dictadura, enemigo acérrimo del golpe militar y fundamentalmente Wilson, defendiendo la institucionalidad en foros por todo el mundo y ofreciendo generosamente, luego de su injusta prisión, la gobernabilidad que permitió el inicio del camino a la reconstrucción nacional.

    Con esos antecedentes y por honra a nuestras banderas, no podría nunca admitir una actitud genuflexa por un ridículo “políticamente correcto”

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