Dr. Luis José Martínez
Dr. Luis José Martínez

Como tantos y tantos compatriotas, quien esto escribe fue a ver la película del título. No habríamos podido dejar de verla aquellos que vivimos en nuestra juventud el fulgurante ascenso del dirigente, legislador y ministro Wilson Ferreira Aldunate, hasta convertirse en uno de los conductores más formidables que el Partido Nacional haya conocido. Como un designio de la providencia y en la hora precisa, Wilson vivificó a la colectividad y dinamizó a las huestes que, aparentemente exhaustas, no habían reencontrado la mística inspiradora, la llama ardiente, cuyo apagamiento había llegado a parecer posible tras la desaparición de Luis Alberto de Herrera.

Fue un logro muy significativo de Wilson el de superar las viejas divisiones, construyendo una síntesis nueva y superior, en la que se pudo conjugar, sin violencia para ninguna de las partes, lo mejor de cada uno de los puntos de vista que habían separado a las fracciones del partido. Si quedaba lugar todavía para otras posiciones alternativas, las diferencias se expresaron ya con un cariz completamente nuevo, y una atmósfera de fraternidad permitió la coexistencia de al menos dos corrientes, sin perjuicio del claro predominio de la concepción que Wilson expresaba.

Pero más importante todavía, puesto que desbordaba las fronteras de nuestro partido y se traducía en toda una concepción y un mensaje al país, era la postura de Wilson rechazando, del modo más categórico, la división falaz entre dos bandos, y no más que dos bandos, que ciertos sectores que ocupaban entonces un espacio importante de la realidad nacional planteaban como una disyuntiva de hierro, como tal supuestamente insuperable: o había que apoyar la postura represiva que, dizque para salvar la democracia, terminaba cuestionando la propia vigencia del sistema que afirmaba defender, o había que sacudirse el yugo de la simple “democracia formal” para constituir una democracia del pueblo, a cargo de un sector de iluminados que, so pretexto de terminar con los males de la situación imperante, se erigían por sí y ante sí como voceros de la voluntad popular.

El valor cívico y moral del mensaje de Wilson es inapreciable. Sólo con mirar hacia atrás, al ayer más o menos próximo de nuestra historia, alcanza para advertir cuánta razón le asistía. Sobre este particular, no hace falta decir más.

Los principios sobre los cuales Wilson construyó, presentó y pregonó en todos los rincones del Uruguay su proyecto de país, el gran proyecto del Partido Nacional, no habrían podido ser ni más precisos ni más consecuentes con la historia y con las luchas ejemplares de nuestra colectividad política. Por lo pronto, era el suyo un verbo de libertad: la libertad del ser humano como bien supremo e intangible, sólo limitada por la Constitución y por la ley con arreglo a preceptos cuya finalidad no es otra que garantir, al mismo tiempo, el propio bien de la libertad para todos los miembros de la sociedad, fundamento del bien común.

A partir de esa ineludible premisa, se trataba de fortalecer y custodiar la vigencia de la democracia, a la sazón amenazada, mediante la plena realización de tal sistema en sus diversos aspectos: políticos, económicos, sociales, culturales. Volver operante la igualdad de oportunidades, alfa y omega de la propia democracia en la medida en que se pretenda asegurar (y no simplemente pregonar) la libertad efectiva de los seres humanos, exigía afirmar unos principios, determinar precisamente unos objetivos y diseñar unos instrumentos idóneos. Para eso, Wilson promovió la elaboración de un programa que, tras identificar los grandes problemas del momento, planteara soluciones y herramientas apropiadas a fin de resolverlos.

Como fruto de ese esfuerzo, en el que participaron estudiosos y expertos nacionalistas del mayor prestigio, se concretó un documento notable, probablemente el más importante de cuantos el Partido Nacional haya presentado durante la segunda mitad del siglo XX en las vísperas de una elección nacional, denominado “Nuestro Compromiso con Usted”. Precisamente en él, se expresaban las ideas y propuestas de la fórmula Wilson Ferreira Aldunate – Carlos Julio Pereyra. Como es bien sabido, fue Wilson el más entusiasta de sus propugnadores. Por si alguien hubiese podido olvidarlo, en la película a que nos referimos en estas líneas, él mismo aparece, tal como lo hizo a lo largo de toda aquella campaña inolvidable, afirmando sentirse orgulloso de él, y señalando asimismo su convicción de que los blancos compartiríamos sin duda ese orgullo.

Entre los entrevistados por el director de “Wilson” que aparecen en el “film”, un correligionario distinguido, el Dr. Ignacio de Posadas, ha hecho afirmaciones varias, alguna de las cuales ya desató ciertas controversias que el público conoce. A nosotros tan sólo nos interesa aclarar aquí nuestro radical disentimiento con las opiniones del ciudadano mencionado respecto, precisamente, a “Nuestro Compromiso con Usted”. El Dr. de Posadas indica que el documento le pareció “horroroso” y que contenía varios “disparates”. Callar nuestra discrepancia con semejantes puntos de vista en aras de una mal entendida solidaridad partidaria, no lo consiente ni la razón ni la lealtad que debemos a nuestras convicciones.

Los ciudadanos que votamos a Wilson en 1971, votamos por él y por sus ideas, que aquel documento condensaba. Esta afirmación se funda en la sencilla regla según la cual la persona que cumple o ejecuta libremente un acto, quiere el acto y sus consecuencias. En el caso concreto, el sufragio emitido a favor de la fórmula Ferreira Aldunate – Pereyra expresaba tanto la voluntad de investirlos en los cargos a que aspiraban, como la de que llevasen a cabo, desde el gobierno, el programa que proponían, y esto hasta el máximo que permitiesen las circunstancias políticas. Quienes no compartían dicho programa tenían la opción de acompañar otras candidaturas.

Cosa distinta es, naturalmente, examinar las herramientas que allí se indicaban para concretar las ideas, principios y objetivos enunciados, como si se tratase de utilizarlas en el presente. Dichas ideas, principios y objetivos, en lo que tienen de más sustancial, de más inherente a una concepción del país, no han cambiado ciertamente hasta hoy; pero los instrumentos que se consideraba idóneos hace cuarenta y seis años, probablemente dejaron de serlo en buena medida en nuestros días. Para empezar, el tiempo transcurrido ha deparado cambios vertiginosos en todos los órdenes. Algunos de los grandes problemas de aquella época siguen existiendo, aunque no tienen la misma magnitud: basta citar el caso de la educación, donde la gravedad de los desafíos no ha dejado de incrementarse. Otros, subsisten de una forma diferente; otros tendieron a diluirse en el nuevo marco de la economía planetaria, mientras que, precisamente en virtud de estas transformaciones de la economía, han aparecido problemas nuevos. La realidad es cambiante como las aguas de un río: juzgar las propuestas de 1971 con los criterios de hoy, equivaldría a continuar creyendo que hay en el mundo dos grandes sistemas y dos grandes potencias dominantes y que la lucha entre ellas es conocida como “la guerra fría”.

Al escribir estas líneas, salidas de nuestra pluma tanto como de nuestro corazón pero no por ello faltas de mesura, tan sólo hemos querido prestar declaración, en términos que, según nuestra sincero convencimiento, habrán de suscribir sin duda los ciudadanos que participaron, aun desde posiciones tan humildes como tuvo entonces el firmante, en aquella inolvidable empresa cívica del año mil novecientos setenta y uno.

One thought on “A propósito de la película “Wilson”

  1. En el año 1971, el que suscribe cumplia 18 años y estaba habilitado para votar en las elecciones de ese año. Mi padre , blanco como hueso de bagual me habia acompañado al discurso que Wilson habia dado en la plaza Artigas de la ciudad de Salto y fue alli que lo conoci personalmente. La talla de su figura y su voz algo afonica pero poderosa y potente se hizo paso y llego a todos los correligionarios con su mensaje de fe de un futuro mejor para la republica. Impresiono mis retinas , se hizo eco en mis oidos y se instalo para siempre en mi corazon y su causa fue la mia,trasmitio sus ideales con la sencillez y conviccion de los grandes y me bautice de blanco en esa inolvidable noche de su campaña. Dr Martinez comparto su clara exposicion porque le hace justicia a Wilson y nuestro partido que esta vivo y pujante como queria nuestro lider.¡¡ Viva Wilson y viva el Partido Nacional!! Miguel Angel Gutierrez.

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