Aporte de un joven militante del Partido Nacional

para la solución de los problemas del agro

 

Es sorprenderte ver la cantidad de comentarios cargados de mala intención que han surgido con respecto al reclamo que realizan los productores rurales. He leído insultos, agravios, acusaciones y una cascada de sustantivos sesenteros que me han dejado pensando sobre la situación de la sociedad uruguaya.

Estos comentarios, lejos de ser una solución al problema que vive el agro, son una muestra de la ignorancia que existe entre los uruguayos sobre la matriz productiva nacional. Es preocupante ver como ciertos dirigentes políticos disfrutan utilizando palabras como “oligarcas”, “gringos” o “latifundistas” mientras que repiten falacias sobre la realidad del campo uruguayo.

También es preocupante escuchar a esos mismos políticos hablar de que estos productores rurales están reclamando ya que “no les gusta que los peones ganen derechos” o que es todo una “conspiración de la derecha” para destruir los logros sociales conseguidos en este último tiempo. Todo eso es mentira.

Primero que nada hay que aclarar que el reclamo de los productores se funda en el alto costo de producción que existe por los insumos y los impuestos. No existe ningún tipo de reclamo sobre las condiciones laborales de los trabajadores rurales. Personalmente considero que la ley de 8 horas del trabajador rural, al igual que muchas leyes que nos hacen avanzar en derechos, fue excelente y necesaria como los variados ejemplos de la oportuna y temprana adquisición de derechos de la historia del Uruguay.

Es necesario saber que el campo ha sido el motor del Uruguay por más de 200 años, el modelo agroexportador ha sido la estructura económica que más nos ha dado frutos como país. Hemos intentado realizar procesos de industrialización que simplemente han llevado al fracaso, incluso hemos adoptado recetas internacionales como el modelo de Industrialización por Sustitución de Importaciones que terminó siendo un intento fallido por el tamaño de nuestro mercado interno.

Los conflictos con el sector rural, los repetidos intentos fallidos de darle la espalda al agro, la situación económica del país y la coyuntura internacional nos da una oportunidad inmejorable para sentarnos en una mesa redonda a debatir sobre el futuro de nuestra principal estructura productiva, principal rubro exportador y medio de ingreso de divisas: el agro.

Hay que considerar que la estructura agraria uruguaya ha mutado mucho en poco tiempo. Estamos parados frente a un campo fraccionado en varios rubros productivos. Podemos numerar la ganadería extensiva, la agricultura tradicional, la soja, la silvicultura, el sector lechero, etc. todos con sus problemas comunes y sus problemas específicos. Vemos además un incremento en la extranjerización de la tierra y en la utilización de la misma por parte de los propietarios.

Creo que es importante sentarnos a debatir sobre políticas de estado alrededor del agro. Es importante plantearse objetivos claros y lineamientos que nos lleven a generar un plan de acción que sea respetado por todos los gobiernos, sea del partido que sea.

Existe en la historia del Uruguay un plan de reforma de las estructuras agrarias presentado por el Partido Nacional en las elecciones de 1971. Fue Wilson Ferreira Aldunate el encargado de formular una serie de propuestas para dinamizar y distribuir de forma productiva las tierras uruguayas.

La reforma agraria wilsonista fue fruto de un minucioso estudio de la Comisión de Inversiones y Desarrollo Económico (CIDE) y de una serie de estudios de la CEPAL sobre la producción de los campos uruguayos. Estas investigaciones son necesarias para formular soluciones certeras y acordes al tiempo donde se vive.

La reforma de las estructuras agrarias no se limitaba a distribuir los campos, si no que planteaba diferentes puntos neurálgicos que compensaban cierto problemas de la redistribución. La creación de una banca pública de crédito para los productores rurales y el fomento de cooperativas agropecuarias son ideas que están esperando tranquilamente dentro de “Nuestro Compromiso con Usted” para que un político las vaya a buscar.

La propuesta es simple: crear una comisión interdisciplinaria que se encargue del estudio de la realidad productiva de nuestro país, una comisión que estudie datos de productividad, macroeconómicos, microeconómicos y de rentabilidad; una comisión que se encargue de estudiar y hacer propuestas sobre el límite de hectáreas, sobre la posibilidad de compra de campos por parte de extranjeros, de los límites que se le debe poner a las sociedades anónimas. Pero también una comisión que se encargue de estudiar las variables sociales del campo, el efecto de los latifundios sobre las poblaciones rurales, los derechos laborales de los peones rurales y las condiciones de vida.

Necesitamos un campo con tecnología. Es necesario que se estudie el fortalecimiento del INIA como insumo en know how para los productores, es necesario implementar un sistema de cooperativas que proteja al pequeño productor saldando las ventajas que da hacer economía de escala, hay que tener políticas de estado sobre los préstamos a los productores, etc.

No estamos en una competencia ideológica, esto no es una carrera para ver quien le saca más plata a quien. Estamos ante un problema que nos afecta como país, estamos ante un problema nacional. Por eso mismo hay que pararse frente a este problema como país y no como diferentes polos de ideas sueltas.

El campo no está siendo explotado en su máximo potencial, eso significa que el estado no está recaudando lo máximo que puede recaudar sobre su productividad. Es importante saber que un correcto sistema tributario aplicado al campo es producente para el país. Saber redistribuir los ingresos fiscales del estado en la propia producción genera un efecto multiplicador.

El estudio de la utilización de la tierra es fundamental para la creación de una correcta reforma agraria. Es necesario generar un sistema de control de los precios del arrendamiento, apuntar a un campo sin especulación. Debemos entender que la especulación con capital productivo es contraproducente en todo sentido: no solamente se le está quitando rentabilidad al que realmente produce la tierra (hay que considerar que el valor del arrendamiento es uno de los principales costos unitarios de los productores que arriendan), si no que se está especulando con puestos de trabajo, alimentación y desarrollo.

El estado no debe tener miedo de regular los arrendamientos en base a tributos. Igualar la rentabilidad de la especulación con la rentabilidad de la producción reducirá la ventaja natural que tienen las grandes superficies y fortalecerá la competitividad de los pequeños y medianos productores. Este ingreso fiscal del estado debe ser volcado directamente en la producción agropecuaria a traves de incentivos, prestamos, cooperativismo, caminería rural, etc.

La creación de un índice de productividad puede generar presiones positivas sobre los productores rurales para que estos generen riqueza genuina al país. Estudiar los potenciales niveles de productividad de los campos en base al índice Coneat nos permitirá generar un sistema impositivo progresivo en base al potencial de los campos.

Debemos mirar la producción agropecuaria como una mina de oro que genera ingresos para los privados y para el estado. Debemos enfocar nuestros esfuerzos en generar las condiciones para que esto suceda.

Una reforma de las estructuras agrarias generará más puestos de trabajo en el interior del país, volverá a poblar el campo y, sumado a una correcta política de descentralización, puede llegar a solucionar el problema de los servicios en el interior profundo. Debemos estudiar la posibilidad de fomentar el desarrollo de las localidades del interior profundo, generar pequeñas bases logísticas en las diferentes secciones del país para generar puestos de trabajo y sustentabilidad de los pueblos del interior.

La reforma de las estructuras agrarias puede ser, si es hecha con un previo estudio de la situación del país, la solución al problema de la sustentabilidad nacional. Una reforma agraria le daría al Uruguay la oportunidad de explorar una eficiencia productiva que nunca tuvimos. Recordamos en los libros de historia las viejas reformas como la revolución del lanar o la llegada del alambre al país, pero no nos damos cuenta de que tenemos delante de nuestros ojos la posibilidad de hacer un salto económico importante…solamente hay que animarse a sentar a los mejores en una mesa.

Las posibilidades estan, el problema existe, los insumos humanos existen y están distribuidos en diferentes facultades, hay investigadores, hay productores y hay políticos; lo único que falta es voluntad de acción.

El campo está pidiendo un respiro urgente. Es necesario sentarse a hablar para buscar un acuerdo común. Es necesario mirar el futuro entre todos, sin sesgos ideológicos ni predisposición al conflicto.

La solución está en el estudio del problema, la solución está en el capital más grande que tiene cualquier país: la inteligencia y la capacidad de diálogo entre sus ciudadanos.

Augusto Bonet Silveira(1)

(1) 20 años, militante del Partido Nacional en Salto, (Agrupación “Por la Huella de Wilson” Lista 180); estudiante de Administración de Empresas.

 

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