Michael Castleton
Michael Castleton

Estamos ya terminando el año. Las fiestas tradicionales se acercan y aunque capaz nosotros no hemos comprado ningún regalo aún, Mr. Trump le ha dado al planeta un regalo que poca alegría le va a traer. En efecto, en una actitud absolutamente incomprensible ha decidido que los EE.UU. establezcan su embajada ante Israel en Jerusalem.

Jerusalem, la eterna y eternamente disputada desde las cruzadas para acá, una ciudad santa que nunca ha conocido verdadera paz.

Desde el año 1967 y la guerra del Yom Kippur está bajo el gobierno de facto del estado judío. Los palestinos la reclaman como su capital hereditaria. Los judíos la reclaman por cuestiones religiosas tanto como lo hacen Musulmanes y Cristianos.Es más, después de la Mecca y Medina es la tercera ciudad en importancia religiosa para los seguidores de Mahoma.

Hace miles de años que esa zona del mundo se la disputan pueblos y religiones. Lo cual hace pensar que difícilmente el presidente Trump vaya a poder solucionar la situación de tan convulsionada región de ninguna manera real y efectiva.

Entonces, es realmente incomprensible esta decisión del presidente norteamericano. O fue y es duramente presionado por la riquísima e importantísima colectividad judía yanqui o esta gente, los yanquis, tienen algún as en la manga que desconoce el mundo. Quizás haya alguna negociación para entregar la franja de gaza en forma total a los palestinos, quizás haya algún otro acuerdo para darle un hogar definitiva a tan sufrido pueblo y de alguna manera reparar las incuestionables injusticias que ha sufrido a manos de los judíos.

Lo que es seguro es que todas las colonias y asentamientos judíos de dudosa legalidad del este de Jerusalem tan cuestionados, con razón, por los palestinos, de un plumazo al reconocer esta ciudad como capital de los judíos pasarán de la ilegalidad a la legalidad. Por aquello de ‘con razón o sin ella’.

Cuidado que por esto nadie debería entender alguna animosidad al gran pueblo judío. Todo lo contrario.

Pero los hechos son los hechos y la verdad que los sionistas ya desde fines del siglo antepasado, financiados por la familia Rothschild entre otros, vienen corriendo el alambrado de su protectorado al principio, hoy pequeño pero poderoso país.

Las consecuencias de este acto del gobierno yanqui están por verse. Lo que es seguro es que las naciones árabes tan decididas a eliminar al hogar judío de la faz de la tierra han puesto el grito en el cielo.

Es más, el Islam ha estado dividido desde la muerte del profeta Mahoma en el 632 de nuestra era en dos grandes grupos. Por un lado los digamos, oficialistas que en su momento resolvieron que el líder del Islam fuera Abu Bakr el primo de Mahoma formando la secta Sunni mayoritaria y una minoría que seguía a Alí yerno de Mahoma, la secta Shia.

Estas dos fuertes corrientes del Islam nunca se han puesto de acuerdo. Desde la muerte de Mahoma han estado en liza permanente, el último gran exponente del cual podría bien ser la guerra civil en Siria o la terrible guerra entre Irán e Iraq de la década del ochenta con más de un millón de muertos.

Lo cierto es que de un plumazo Norteamérica le ha dado una causa común al Islam. Una causa que supera los problemas teológicos que separan Sunnis y Shias por el simple hecho de que Jerusalem es una ciudad sagrada para ambas corrientes.

Quiere decir que posiblemente, Arabia Saudita e Irán tengan por primera vez en decenios una causa que los une. Ni hablar de los otros países más combativos del Islam como los situados al este de Rusia, las comunidades Musulmanas del oeste chino, Pakistán armada como está con ojivas nucleares y, en definitiva, todos los países árabes del medio oriente que no estén en guerra entre ellos como Yemen y Arabia Saudi o mismo Siria con su guerra civil que es poco más que una guera entre Sunnis apoyados por Arabia Saudí y Shías , el gobierno de Assad incluido, apoyados por Hezbollah y financiado este por Irán.

El hecho es que el Sr. Trump ha dado al mundo en estas fiestas un regalo que de regalo tiene muy poco. Es más bien potencialmente una enorme, infinita desgracia de consecuencias imprevisibles. Puede que no pase nada y los árabes absorban el golpe o por el contrario que se configure una situación bélica que absorba al mundo como un tornado de infinito e interminable poder.

Es de esperar que los yanquis y, concretamente, su presidente no hayan tomado esta decisión con liviandad. Es de esperar que esta terrible decisión no haya sido fruto de la prepotencia e ignorancia tan aparentes en el presidente de los norteamericanos.

Cualquier ser racional debería pensar que los yanquis algo tienen pensado con respecto a cómo controlar las consecuencias de esta decisión.

La lógica diría esto pero la historia está llena de historias de líderes que tomaron decisiones absurdas por los motivos más absurdos. Las guerras Troyanas son un excelente ejemplo de esto.

Pero, las cosas son como son. El planeta se ha despertado a una nueva realidad que posiblemente cambie el curso de la historia. Quizás Trump pase a la historia como uno de los estadistas más importantes de la humanidad o como parece más probable el que incendió de una buena vez Medio Oriente sumergiendo el planeta en una conflagración de consecuencias impredecibles. Por ahora, lo único seguro es que subirá el petróleo.

Acá en nuestro querido país llegamos a otro fin de año, a otra navidad para los cristianos, en una situación de desconcierto general donde el Frente Amplio, que tan mal gobierna y tan mal nos ha gobernado se encuentra dividido como casi nunca antes.

Irremediablemente debía suceder esto. Sólo faltaba la situación donde los serios dentro de ese conglomerado debían tomar una posición clara y contraria a la de los tirabombas del Sr. Mujica Cordano.

La realidad, la relativa seriedad frente al aventurismo, la incapacidad, el deseo sobre la realidad y la total falta de seriedad de los irresponsables dogmáticos de la izquierda marxista liderados por el vulpino Mujica Cordano y sus secuaces.

No se sabe cómo terminará el asunto, por lo menos en el corto plazo. En el mediano plazo no más, no puede haber duda, el agua y el aceite por más que se emulsionen nunca de mezclan y siempre terminan por separarse. Ese proceso es inevitable para el Frente Amplio.

Así se presenta una oportunidad importante para nuestro partido. Divide y reina decía Maquiavelo y otros tantos, pero lo cierto es que nuestro adversario parecería entrar a la recta final de su desgobierno en malas condiciones.

Sólo hace falta que los Blancos pongamos un buen flete en la pista para poder ganarle a esta gente.

Pero, para eso debemos estar unidos. Debemos acordarnos que el partido es más que cada uno de nosotros y que muchos, demasiados dejaron su sangre y sus vidas en los campos de la república para olvidarnos de este ideal.

No podemos olvidarnos nunca de esto. Pareciera que a diferencia del Sr. Trump en este pequeño rincón del planeta la historia nos está por entregar un regalo de valor inconmensurable, que potencialmente, pudiera devolverle la alegría a muchos uruguayos castigados por doce años de desgobierno de la izquierda vernácula.

El tiempo no espera a nadie. Ni hombres, ni partidos, ni vidas propias o ajenas.

Nuestro partido debe buscar la forma de unirse para llegar de nuevo al poder, no para el poder en sí mismo sino para poder transformar la realidad de nuestra nación. No hay otra manera de hacerlo.

Cada uno por su lado discutiendo cosas y hombres de muy relativa trascendencia no nos llevará a ningún lado.

En estas fiestas hagamos votos que nuestro glorioso partido vuelva a la conducción de la república para sacarla así del desasosiego en que se encuentra

Mis mejores deseos para navidad y para el año entrante a todos los orientales de buena voluntad.

¡VIVA LOS BLANCOS. TODOS LOS BLANCOS!

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