Ruben Castelli
Ruben Castelli

Cada vez que sucede un caso aberrante, la sociedad pide a gritos que se aplique entre otras cosas, la pena de muerte, la cadena perpetua y recientemente la castración química para violadores.

La mirada crítica de los uruguayos constantemente apunta directamente a Bonomi y la fuerza de seguridad pública a su cargo desde hace muchos años.

Si bien es cierto que presupuestariamente Interior ha sido la cartera con más beneficios otorgados por el gobierno, lo que le ha permitido dotar de tecnologías y equipamiento como nunca antes ha ocurrido, los resultados saltan a la vista y los delincuentes gozan de privilegios que la mayoría de los uruguayos no tenemos pues vivimos encerrados.

Con tantas cámaras colocadas a lo largo y ancho del país, más las medidas dispuestas en el entorno financiero, en donde se sabe hasta lo que comemos a diario, Uruguay es la casa del gran hermano.

Desde que la izquierda ocupa los círculos de poder, lo que ha prosperado indiscutiblemente es la industria de la delincuencia. Solo hay que mirar las cifras que tanto al Ministro Bonomi le gustan proporcionar, para darnos cuenta del crecimiento poblacional de nuestras cárceles.

Es real, no hay dos tipos de lectura al respecto.

En el caso de lo ocurrido a la niña Brissa González, cabe hacer esta pregunta y va dirigida en primer término a Bonomi y en segundo al Intendente Martínez ¿por qué un violador con dos antecedentes tiene certificado de buena conducta y de aptitud psicológica para manejar un taxi?

Se plantea nuevamente la posibilidad de que los militares, en una especie de Guardia Nacional, -después se le dará el nombre, el Frente Amplio es especialista en poner nombres que impacten al simple oído- refuerce la operatividad del Ministerio del Interior e incremente la seguridad de la población a toda hora.

La izquierda, sigue haciéndonos creer que el Ejército es como un ogro, que todo lo que haga o vaya a hacer, sea malo y reviviendo

 

cosas del pasado, que fueron muy duras para el país. Fueron otros los tiempos, otros hombres, otro Ejército, otras circunstancias, donde el abuso de la fuerza y el poder, llevó a que muchos compatriotas de uno y otro lado sufrieran las terribles consecuencias, que son parte de la historia reciente.

Es bueno recordar que la izquierda fue una gran responsable de que la dictadura se instaurara, no siendo cierto que lucharon contra ella, sino que contribuyeron a su establecimiento, pues cuando llegó ésta, la mayoría de quienes hoy nos gobiernan, estaban presos.

Así que, todo lo que contribuya a garantizarnos la paz para que nuestros hijos, nietos, concurran a las escuelas y liceos con tranquilidad, que el trabajar sea seguro, al igual que transitar por las calles o salir a disfrutar de una cena, no se transforme, como hasta ahora en una especie de película de terror.

No puede existir otra lectura, que no sea la de reclamar por mayor seguridad, algo que hasta ahora es un DEBE con mayúscula de este gobierno.

Le guste o no a Bonomi, los resultados y acontecimientos mandan. La delincuencia gana y en serio Ministro, dese un baño de humildad, afronte la realidad. Los uruguayos merecemos estar protegidos.

Alguien escribió, alguna vez, que el desaliento, el quebranto, la inmoralidad, no surgen de los bajos fondos sociales. Vienen de las alturas. Hoy se sacrifica todo, el honor, la palabra, la fe jurada ante los hijos y la patria, para descender luego a los goces materiales, por gustar con fruición de sibaritas los placeres de la sensualidad y el de gobierno.

Se termina otro año, y el tema de fondo para todos los uruguayos, sigue siendo una piedra en el zapato de la izquierda vernácula. Los resultados están a la vista.

La delincuencia aplica nuevas modalidades en materia de delitos, lo que habla a las claras que han tenido el tiempo suficiente dentro y fuera de esos guetos, llamados cárceles, verdaderos politécnicos del bajo mundo, donde se capacitan internos para seguir siendo implacables en su accionar, para cuando la libertad los alcance nuevamente.

La mirada interior a un grave problema, que sigue su curso un día sí y otro también y que daña a nuestra sociedad.

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