Michael Castleton
Michael Castleton

Tuve el dudoso honor de inventar el mote del título para el nunca bien ponderado José Mujica Cordano.

Este hombre, expresión de lo más reprobable de la uruguayez, condición que si bien tiene enormes virtudes, estas no se aprecian en esta persona. Un hombre que nunca estudió, nunca trabajó, nunca fue capaz de formar una familia, que sí fue capaz de mandar matar gente por otros porque seguramente le faltaba eso que producen las gallinas para hacerlo él, por un inexplicable vericueto de la historia llegó a la presidencia de nuestra nación.

Este personaje para muchos el peor presidente de nuestra historia será duramente juzgado por esa misma historia.

Pero, en el mientras tanto los orientales debemos vivir con las consecuencias de su incapacidad y su ignorancia.

Mujica Cordano por más títulos honoris causa le den universidades de cuarta siempre será un inútil, un inútil vulpino, pero inútil al fin.

Este oscuro personaje tiene la viveza del zorro, de ahí el adjetivo, pero nunca la inteligencia de ese noble animalito.

Y, así sin cultura, sin orden, a los bandazos solamente guiado con una ideología a medio hornear, porque no le da para más, fue el gran artífice del desastre en que estamos ahora.

La lista de sus desaciertos es larguísima. Desde Alas Uruguay, al relajo de Ancap y sus colaterales con su delfín Sendic a la cabeza, hasta la regasificadora y tantos otros desaciertos que estaremos pagando por años. Nosotros, nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos.

Si a esto le agregamos un brillante especulador político, un verdadero maniobrero, pero mal gobernante, como el Dr. Vázquez Rosas irremediablemente nos encontraremos siempre con el país en el estado en que está.

La historia reciente es bien conocida por los lectores de La Democracia por lo tanto no es necesario ahondar en ella.

Lo que también están a la vista son los nefastos resultados de doce años de desgobierno de la izquierda vernácula.

El país está socialmente y moralmente a la deriva.

Esto entre otros factores se debe a la total falta de un eje moral en cuanto a la vida en sociedad y democracia de los que hoy ocupan el gobierno.

Hoy el país existe, vive y, debilitado, igual lucha a pesar de los mejores esfuerzos del Frente Amplio en el poder.

Pequeños, avaros, ignorantes por definición pero también ignorantes de su rol en el gobierno, de alguna manera, proyectar sobre la sociedad una imagen de mesura, orden, decencia y sentido común.

Nadie puede ni siquiera en el mediano plazo dar lo que no tiene ni hacer lo que no puede porque no sabe.

Así hemos caído en este pantano de inmoralidad, de violencia, de ignorancia, de corrupción como nunca ha visto nuestra nación.

Lisa y llanamente la izquierda no sabe gobernar, menos en democracia. Es así que todos los países de gobierno de este tipo, todos han terminado en dictaduras disfrazadas, solamente apoyadas por los que viven de sus prebendas. Esto no falla nunca.

De la misma manera que el capitalismo liberal ha sido responsable del período de mayor creación de riqueza en la historia de la humanidad, las autocracias e ineptocracias como la nuestra han sido igualmente responsables de repartir miseria, terror y muerte. Todos conocemos los ejemplos de esto, o más bien todos a los que nos queda algún poco de honestidad intelectual.

La gente que como decía Herrera ‘anda y arde en la calle’ reclama oposición, oposición y más oposición. Los uruguayos nos sentimos ultrajados e indefensos ante los embates de quienes de acuerdo a la más pura doctrina gramsciana pretenden llevar nuestro país, nuestra sociedad, nuestras familias a la noche más oscura de su historia.

El rol de la oposición en una democracia es oponerse. Esto no es siempre fácil, más cuando se está en minoría.

Sin embargo hay una percepción entre la gente y entre muchos votantes del Partido nacional que no estamos cumpliendo cabalmente ese rol.

Es más fácil decirlo que hacerlo de eso no puede haber duda alguna. Pero, tampoco puede haber duda alguna que le debemos encontrar la vuelta para que este mal gobierno sienta la presión de lo que es hoy una mayoría de la población.

La democracia hay que cuidarla, de eso no puede haber duda. Pero debemos cuidarla en la medida que todos sin distinción de color político estemos de acuerdo, al menos en eso.

Hoy, eso no parece estar muy claro.

El descalabro moral, educacional, en la salud y de la economía en manos de esta gente no parece conducente a un destino feliz para la república.

Los orientales, el Partido Nacional, los Blancos deberemos estar a la altura de lo que la historia nos reclame.

Sin embargo, algo debemos hacer como colectividad política ante el descalabro y desasosiego que enfrenta el país.

Nuestro país no soportará, nuestra república no soportará otro período de desgobierno como el actual.

Debemos prepararnos como Blancos para la dura liza que se aproxima. Pero, no mañana ni pasado; hoy, el pueblo y la historia lo reclama.

Uruguay no puede permitirse el lujo de otros cinco años con un filósofo de boliche en la presidencia. Esa es una pesadilla que no puede, no debe repetirse.

El impedirlo se lo debemos a nuestros hijos, a los hijos de nuestros hijos y a nosotros mismos.

Se lo debemos a las pobres niñas que pagaron con su vida el descalabro social y moral en que nos han metido.

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