Edmundo Roselli
Edmundo Roselli

Cualquier comunidad en cualquier parte del mundo y sin importar su extensión ni número de habitantes, subsiste si las personas que la conforman tienen acceso al trabajo.
Históricamente y excepto en los casos de estrategia militar, los centros poblados y las ciudades se han establecido donde hay trabajo para los que allí viven. El concepto de trabajo implica producción y comercio, y cuando uno de estos componentes falla el trabajo se pierde y se convierte en desocupación obligando a que las personas comiencen a buscar otros destinos.

Así los pueblos y las ciudades se van vaciando de contenido humano: primero son los jóvenes los que emigran, después las familias cuyos componentes están en edad activa, y sólo van quedando las personas mayores que se aferran a su pasado y se mantienen con la jubilación como ingreso fijo y seguro.

El vaciamiento humano genera paralelamente el fenómeno de las casas vacías que se ponen a la venta o en alquiler, pero no hay nadie que quiera o pueda comprar o alquilar. A eso se suma el cierre de comercios, la pérdida de los centros comerciales y la desaparición de los lugares de diversión. En definitiva el lugar se torna poco atractivo y lo que en otra época fue una localidad pujante, generadora de trabajo y divisas para el país se convierte en una ciudad fantasma a la que nadie quiere ir y de la que todos quieren irse.

Juan Lacaze está lejos de convertirse en una ciudad fantasma, pero el cierre de las principales fuentes de trabajo, el incremento de la desocupación, el cierre de comercios y la pérdida de expectativas atentan contra su desarrollo.

Todos podemos imaginar lo grave y angustiante que es vivir donde no hay puertas que golpear. La desocupación es un indicador económico pero por encima de todo es un problema humano que incide negativamente en lo psicológico, emocional, familiar y humano. Por eso no podemos permanecer indiferentes.

En la última semana de octubre acompañamos al Dr. Jorge Larrañaga en una visita a la ciudad de Juan Lacaze. Como el propio Larrañaga lo dijo, su objetivo era conocer por sí mismo y en la voz de los trabajadores, la situación de todos los lacazinos.

Ese día, con Larrañaga, el edil Héctor Curutchet y referentes locales, mantuvimos una extensa reunión con los trabajadores de Juan Lacaze, los que expusieron la gravedad de su situación y se discutieron posibles caminos  de solución sobre los que estamos trabajando, uno de ellos el acceso al cobro de haberes jubilatorios.

Esta semana con la firma de los senadores Luis Heber, Carlos Camy, Pedro Bordaberry y Pablo Mieres, a iniciativa de Jorge Larrañaga se elevó al Poder Ejecutivo un proyecto de Minuta de Comunicación para establecer un régimen especial para que los trabajadores de Fanapel y Agolán, en edades próximas a retiro y con dificultad para acceder a un nuevo trabajo, puedan cumplir con los requisitos jubilatorios.

El proyecto abarca a los trabajadores con 58 años cumplidos al 1° de enero de 2017 en condiciones de acogerse al Subsidio Especial por Inactividad Compensada (SEIC) según ley 18.395; trabajadores de 58 años que con su edad más los aportes sumen 90 puntos computándose un año por cada año de edad y un punto por cada año de aporte; y a los trabajadores de 55 años que no lleguen a 90 puntos se les otorgará un subsidio por inactividad compensada hasta los 58 años cuando podrán acogerse a la jubilación en igual condiciones que los casos anteriores. En todos los casos los ex trabajadores sumarán un año de aporte por hijo.

El proyecto no soluciona los problemas de fondo pero es el comienzo de la impostergable solución. Cabe ahora seguir buscando caminos, realizables y posibles para que Juan Lacaze recupere su esplendor.

Deja un comentario

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong> 

required