Michael Castleton
Michael Castleton

Corren ríos de tinta en estos días sobre el acuerdo para ponerse de acuerdo que el gobierno ha firmado con la empresa finlandesa UPM.

A no confundirse. El acuerdo es un gran paso en el sentido correcto para el país. Lo que no parece indicar es ninguna obligación inmediata para UPM, pero sí para Uruguay.

En efecto, nos comprometemos a ciertas obras de infraestructura con una inversión multimillonaria, que seamos honestos, en condiciones normales no podíamos cumplir. No hablamos de la cuestión financiera sino de gestión de parte de este gobierno que, justamente ha descollado en su capacidad para mal gestionar todo lo que ha tocado.

Quizás el Frente Amplio especule con la indudable capacidad del actual ministro de transporte, lo cual es atendible, pero, hasta ahora no ha podido destacarse el Sr. Rossi en este sentido. El hecho es que construir una línea ferroviaria como pide UPM con las aproximaciones a Montevideo que también exige la empresa no es nada fácil ni sencillo. El que escribe lo ha vivido en carne propia, y sabe que este proyecto es un verdadero reto. El problema es que en realidad no parece haber nadie capaz para recoger ese guante.

El tema de fondo y merecedor de análisis es el efecto político de estos anuncios, y cómo podrían afectar el desarrollo de la vida política del país hasta las elecciones generales.

Nadie puede dudar que este acuerdo con UPM es un logro importantísimo para el país y también inevitablemente para el Frente Amplio, qué dicho sea de paso parece ponerse más capitalista día a día.

Entonces si bien el Partido Nacional tiene una leve ventaja en las encuestas sobre el conglomerado de izquierda no es difícil predecir que esa ventaja desaparezca con el anuncio de marras. No importa

demasiado lo que realmente dice el acuerdo, aunque en los hechos para UPM, no más que buenas intenciones, la gente con razón lo debería tomar con optimismo con vistas al futuro. Obra del Dr. Vázquez Rosas y el Frente Amplio.

El problema es cómo nos encuentra a los Blancos esta situación. Sencillamente, como un gallinero con zorro adentro, todas las gallinas en la vuelta y las más peleando a cual llega a la cumbrera más rápido.

Es natural y lógico que en un partido político democrático donde a Dios gracias ‘naides es más que naides’ hayan luchas internas, discrepancias y hasta enfrentamientos. Es natural, es parte incluso del juego de la política.

Sin embargo los Blancos deberíamos de darnos cuenta que la posición de mayoría desde la oposición, ante los acontecimientos recientes, pende de un hilo.

El único camino para enfrentar estos acontecimientos es la unidad, por sobre todas las cosas, la unidad. Trabajar en conjunto hacia la liza que se aproxima demostrando que no somos solo corazón y pasión sino coraje, inteligencia y razón.

Tenemos un directorio brillante integrado por conspicuos ciudadanos de todo el espectro del partido, y presidido por uno de los más capaces políticos que tiene la república. Entonces, es vital que dentro de lo posible el directorio cumpla cabalmente su rol y que dirija nuestra colectividad hacia la unidad, de lo contrario estaremos perdidos y lo pior, estará perdida la república con otros cinco años de desgobierno frenteamplista.

La situación se complejiza aún más cuando vemos que sucede con los otros partidos de oposición. El muy respetable Partido Colorado ha perdido, por motivos que no viene al caso analizar acá, gran parte de su caudal electoral y también por ende su vigencia política. Un honroso partido, fundador igual que el nuestro de la república, quizás en el momento más complejo de su historia. Poco apoyo vamos a encontrar los blancos en esas tiendas, más cuando algún trasnochado y joven dirigente colorado pretende que su partido se vuelque a la izquierda. ¿No habremos tenido suficiente de izquierdas en los últimos doce años?

El otro partido de oposición orientado por exitoso comerciante venido a político el Sr. Novick parece empeñado en disociarse de los partidos fundacionales buscando un espacio propio sin tener una ideología clara. Parece más bien un grupo de voluntaristas bien intencionados, a no dudarlo, pero que no parecería tener demasiada relevancia en el contexto histórico que vivimos. Son un poco el lujo de la miseria cuando el país se debate entre autoritarismo populista y la democracia liberal que pretenden la mayoría de los orientales. Lo pior y de lo que se debe cuidar nuestro partido es que el caudal electoral que consiga el Sr. Novick y sus partidarios difícilmente salga de la izquierda sino de los partidos demócratas liberales como el Partido Colorado o el Partido Nacional. Todo parece indicar que el Partido de la Gente hará poco más que debilitar a los partidos intrínsecamente democráticos de este país, no precisamente el Frente Amplio.

En definitiva lo que importa es el país. El Partido Nacional ha sido siempre el partido de la decencia y de las leyes. En contraposición los orientales hemos vivido durante los últimos doce años un engendro filo-marxista-Gramsciano que ha concretado poco pero que nos ha llevado a un nivel de endeudamiento pocas veces conocido en nuestra historia. Cada uruguayo debe hoy en el orden de U$S 11.500. Para comparar, cada venezolano debe hoy poco más de U$S 9.000.

Se deben terminar estos tiempos de gasto dispendioso e irresponsable. Se debe ordenar al país. Los temas ya los concemos, educación, seguridad, sanidad y desarrollo económico.

Los blancos hemos sabido enfrentar estas situaciones en el pasado. Ningún analista objetivo puede desconocer los logros del Dr. Lacalle Herrera y su gobierno.

Los Blancos podemos como partido enderezar el rumbo incierto de nuestra nación, ya lo hemos hecho. Lo que nunca podremos hacerlo si no estamos unidos. Hoy parecemos no estarlo cuando deberíamos estarlo y parecerlo.

Como dijera Wilson Ferreira en sus últimos momentos ‘que los Blancos no se peleen’.

No nos peleemos pues y que la razón predomine, nunca sobre el corazón pero sí por sobre la pasiones del momento.

¡Viva Los Blancos!

¡Viva Saravia!

¡Viva el Partido Nacional!

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