Ignacio Estrada Hareau
Ignacio Estrada Hareau

Desde fines del 2014, hay aproximadamente 40 mil personas menos en nuestro país que están empleadas. Casi un Estadio Centenario entero, de gente que antes tenía trabajo y ahora no. La pérdida de empleo en nuestro país debe preocuparnos y ocuparnos, pero el gobierno no parece tener un plan profundo para atacarla. Y el problema con la tendencia actual, podría solamente empeorar.

Los datos del empleo, cuanto más los analizamos, más preocupantes son.

El economista Ignacio Munyo, en una de sus presentaciones, muestra cómo desde el 2010 el sector privado no ha generado nuevos empleos. El sector público generó muchos empleos desde el 2010, que compensaron la caída de generación de empleos en el sector privado. Pero desde 2014, ni la generación de empleo público fue suficiente para compensar. Lo cual explica la reducción de 40 mil puestos de trabajo en lo global. ¿Es viable un Uruguay que apueste al empleo público para mantener a su población ocupada? ¿No termina esto generando un Estado pesado, costoso, que asfixia a las empresas y destruye puestos de trabajo? Eso ya lo estamos viendo.

Si analizamos las bases que pueden generar un mercado de empleo dinámico y pujante, vemos que nuestro país presenta severos problemas. Por ejemplo en el “Índice de Competitividad Global” que elabora el Foro Económico Mundial, estamos estancados. Nuestra posición es la 76 en el mundo. Los factores que se consideran más problemáticos para el sector empresarial incluyen la elevada carga fiscal, la burocracia estatal ineficiente, la normativa laboral restrictiva, la fuerza laboral inadecuadamente educada y el suministro inadecuado de infraestructura. ¿Qué relevancia tienen estas barreras? Son importantes porque influyen en el crecimiento de las empresas, en sus planes de expansión, y también en la evaluación que hacen las empresas que deciden instalarse (o no) en el país. Lo cual redunda en la generación de puestos de trabajo. ¿Vemos al gobierno atacando fuertemente estas barreras? No parece.

Especialmente preocupante creo que es la brecha de habilidades que genera nuestro ineficiente, desactualizado sistema educativo con relación a lo que el mundo precisa y precisará en el futuro. La tecnología está sustituyendo ciertos puestos de trabajo por otros. En los últimos años por ejemplo cayeron los puestos de construcción. Más allá de la posible menor actividad en construcción, también se han incorporado sistemas constructivos que demandan menos personal. Ahí tenemos un cambio en empleo provocado por la tecnología. Por otro lado vemos ciertos sectores (desarrollo de software por ejemplo) presentan desempleo 0, y continuarán generando puestos de trabajo. Hay oportunidades por ejemplo en el teletrabajo, como afirma el uruguayo Carlos Martínez (gerente de Tecnología de Lacnic, el Registro de Direcciones de Internet para América Latina y Caribe); pero no las podemos aprovechar porque a pesar de tener buena conectividad de Internet, nuestra gente no tiene suficientes habilidades para ello. Nuestro sistema educativo parece sin embargo (con algunas excepciones) dormido a estas nuevas realidades. Enseña para un mundo que ya pasó.

El problema que tenemos con el empleo puede empeorar, y mucho. Asoman en el horizonte los robots, que pueden llegar a sustituir más puestos de trabajo. Según algunos estudios, aproximadamente la mitad de los empleos en Uruguay se podrían automatizar en unos años. Por eso no debemos “descansarnos”, pensar que los empleos volverán simplemente a medida que crezca la economía. O pensar que tal o cual inversión extranjera puntual, nos puede salvar por un tiempo. Precisamos soluciones profundas, por el bien nuestro y mucho más, por el de nuestros hijos.

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