Francisco Faig
Francisco Faig

El episodio del balance “nefasto” que del pasaje por la cultura uruguaya de Viglietti hizo Mercedes Vigil(1), permitió ver surgir un par de argumentos en el espacio virtual de las redes sociales que merecen atención.

El primero refiere a la oportunidad del comentario crítico. Mucha gente entendió que no hay que criticar el legado de alguien recién muerto. O que había que esperar cierto tiempo prudencial, o que directamente no debía serse crítico porque la persona, muerta, no podía defenderse de las críticas (retoma esto último la línea argumental del Partido Socialista para no decir nada y criticar que se diga, sobre lo que se supo de Vivián Trías: un alcahuete al servicio del campo soviético durante algunos años de la Guerra Fría).

Francamente me resulta un flojo argumento. Alguien que fue una figura pública, no solamente como músico sino también como agente político, se expone siempre a ser criticado al cierre de su vida. Para bien y para mal. No veo claro por qué habría que esperarse qué cosa. Fíjense sino cuando muere alguna personalidad, cómo al día siguiente muchas veces la prensa hace balances de sus luces y sombras en vida. En fin, realmente, no estoy de acuerdo con el asunto de la oportunidad, además de que en el fondo es un tema absolutamente opinable: nadie convence a nadie de que existe una oportunidad más educada o adecuada que otra, y los ejemplos en un sentido o en otro abundan.

El segundo argumento refiere a que mucha gente crítica con el ideario de Viglietti señaló esa distancia a la vez que saludó su memoria porque fue un hombre de buena voluntad que quiso un mundo mejor para los más humildes o cosas similares. Es decir, es un juicio finalmente laudatorio porque, independientemente del planteo de fondo en sí como objetivo de la acción – en este caso, la revolución socialista legitimada si es necesario por la vía armada -, se rescata el sentido de la acción, es decir, la buena disposición, el sentido positivo que el actor daba a su acción, su motivación con buenas intenciones.

Este argumento es más interesante. Creo que es muy injusto con todos aquellos que a lo largo de la historia de la humanidad no solamente tuvieron buenas intenciones, sino que además actuaron en un sentido efectivamente positivo por el desarrollo y la mejora de la Humanidad.

Porque, en definitiva, ¿acaso no son francamente una minoría quiénes actúan diciendo y creyendo claramente que quieren lo peor para el género humano? La inmensa mayoría de las veces, todo el mundo actúa con buena intención, sobre todo en política. Si es por esa buena intención, entendida, insisto, por la buena motivación que el actor define como lo que lo mueve a tomar las acciones que toma, todo el mundo al momento de su muerte debe ser laudado. Desde Mao hasta Stalin, pasando por Robespierre, Raúl Sendic, Gregorio Alvarez, Jorge Videla, Augusto Pinochet, Ronald Reagan o el que se le ocurra a Ud. en este instante y con el que no esté de acuerdo con lo que hizo en vida, pero que le pueda reconocer que tuvo, según el punto de vista del muerto, una intención de acción positiva.

Intelectuales comprometidos con proyectos políticos o realidades políticas deleznables, como fue lo que llevó adelante el campo comunista en la Guerra Fría o la ola fascista previa a la segunda guerra mundial en Europa por ejemplo, hubo decenas y decenas por todo el mundo. Todos ellos adherían a esos proyectos diciendo y creyendo que eran lo mejor para la Humanidad (si bien también los hubo muy cínicos). Pero eso no alcanza para decir que estuvieron bien o para saludar su esfuerzo o para rescatar esa voluntad de bondad.

Sobre todo, cuando se trata de intelectuales, de gente que trabaja con su pensamiento y su creación, de gente que puede viajar por el mundo, entrevistarse con pensadores y estadistas en todas partes, conocer realidades de primera mano, leer lo mejor que se publica, informarse de distintas fuentes: en fin, cuando acceden a un grado de cultura e información mucho mayor que el ciudadano medio y que por tanto debieran de ser mucho más responsables y fundados en lo que dicen y creen. Además, porque ocupan lugares relevantes y son vistos por el resto muchas veces como ejemplos a seguir.

La verdad que me resulta muy flojito el argumento de salvar la intención del artista para saludar su memoria y evitar así pronunciarse sobre el fondo y objetivo de su militancia. Yo creo que hay que juzgar a los artistas comprometidos socialmente como el caso de Viglietti, por lo que pensó e hizo en vida. Que en el caso de Viglietti, claro está, fue adherir y publicitar un ideal nefasto(2).

 

(1) Este es el texto de la polémica: “Un amigo de Facebook escribió hoy que aguardaba mi reflexión sobre Daniel Viglietti. Entonces fue que me enteré de su muerte. Contesté que no veía el motivo por el cual debía emitir opinión sobre la muerte de alguien a quien no conocí personalmente. De más está decir que no me siento autorizada a hacer comentario alguno sobre su arte, lo mío no es la música. El mentado amigo cibernético se ofuscó y replicó que debí haber vivido en otro país mi adolescencia, que dudaba de mi carácter de “intelectual” y de mi “objetividad”. Asombrada ante tal frescura, contesté que no me dejo amilanar por “el relato” y que el problema de la supuesta “intelectualidad” a la que él se refería, radicaba en que yo sí viví en Uruguay y por tanto, no me como “el relato”. Los vi construir una epopeya que costó sangre y miseria a la América latina, los escuché predicar que en la URSS se vivía como en el paraíso. Los vi vivir como señores a costa de la ayuda a los “perseguidos” y luego los vi volver. No sé si fue peor que volvieran o que antes se fueran y mintieran tanto. Porque a su regreso los vi, como aves carroñeras pasar a cobre todo lo que encontraron a su paso: miles de horas en TV pública, cargos culturales muy bien pagos, subsidios, apoyos estatales….repugnantes todos. Hoy debo decir que personajes como Viglietti abonaron una visión hemipléjica de la realidad latinoamericana mientras me los cruzaba en el primer mundo, viviendo como reyes y predicando con la pobreza ajena. En fin, no tenía intención de hablar de Viglietti, pero ante tanto escribiente inventando próceres debo decir que su paso por la realidad nacional ha sido, sin dudas, nefasto”.

(2) En ningún momento esto le impidió beneficiarse de contrataciones públicas. Conocido fue su programa por años en TV Ciudad, canal administrado por la intendencia del FA de Montevideo. Pero también, en esta columna de Claudio Paolillo de Búsqueda, queda claro que formaba parte de los artistas de izquierda que tenían su fornido cachet garantido por el Estado bajo gobiernos del FA. http://www.busqueda.com.uy/nota/vivir-de-vos

One thought on “Con buena voluntad no alcanza

  1. MERCEDES VIGIL Y LA CIUDADANÍA ILUSTRE: COMO ACERTÓ DI MATTEO….

    Cuando casi todas las lastimosas voces intelectualosas de nuestra izqiiaaaardaaa caviar fingen llorar por las declaraciones de la escritora Mercedes Vigil sobre el panfletario (y desperdiciado excelente guitarrista) Daniel Viglietti, cuyo mensaje supo envenenar a muchos jóvenes sudamericanos a favor el terrorismo de los 70 (más allá del plagio al “Feliz Cumpleaños” de Las Ardillitas en su homenaje ai delirante Guevara en “La senda está trazada”) con libelos cantados como “Solo digo Compañeros” o “El Chueco Maciel”, y en su autoritarismo “letrado” levantan firmas para quitarle el título de “Ciudadana Ilustre de Montevideo”, se agiganta la figura de nuestro Primer Bandoneón, Luis Di Matteo.

    Este insigne compositor ,instrumentista y arreglador, de fama y carrera internacional, quien tuvo la valentía, además, de contar lo que veía en los 80 detrás de la Cortina (capaz que ofendiendo a muchos “artistas” de la barra local), sin titubear ni dudar RECHAZÓ LA DECLARATORIA DE CIUDADANO ILUSTRE MONTEVIDEANO durante la desastrosa gestión de Ana Olivera. “A mi , que me dejen tocar el bandoneón tranquilo”, les dijo, y fin de la conversación,días antes de que la conciencia culposa de los mismos culturosos que te serruchan, le otorgara la misma distinción a Mercedes Vigil, lo que, en la época, provocó sonoras quejas enel izquierdoso universo comunicacional local…

    En la oportunidad, le comentamos telefonicamente a la famosa escritora , lo que había decidido ,a nuestro juicio, muy acertadamente, nuestro respetado músico(de lo cual ,no solo ella, sino pocos supieron….) y algo le anticipamos que algún día tendría que devolver el galardón, antes de aguantar más manoseos.

    Ante la asquerosa actitud de la “intelligentia” local con la Vigil, FELICITACIONES Y HONOR A DI MATTEO POR HABERSE ANIMADO A DECIR “NO”!

    Como dijo Cazuza “Basta de acariciar la cabeza del que nos ningunea”!
    (Javier Bonilla)

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