Michael Castleton
Michael Castleton

Pocos podrán decir que el dictadorzuelo de Venezuela no está loco. Lo que no sabemos si loco o loco de vivo. Está por verse.

Lo que no está por verse es lo desastroso del populismo como sistema y como filosofía de gobierno.

Un sistema que ni provee, ni protege ni distribuye los más mínimos de los requerimientos para una sociedad tal la concebimos en estos tiempos.

Los únicos resultados de los sistemas populistas del tercer milenio son corrupción, despotismo e involución, muchas veces dramática, en las sociedades donde ha actuado.

Argentina con su mal curada ‘peronitis’ a cuestas parece que sale de su última pesadilla populachera.

El presidente Macri con sus ideas más que nada de sentido común en el gobierno, pareciera que empieza el largo y tortuoso camino desde la inconcebible corrupción y desmanejo de Argentina hacia algo un poco más real, y en definitiva, viable para su país.

El populismo latinoamericano pareciera ser aquello de, el deber ser sobre el ser, llevado a su última expresión. Aquello de gastar sin fin y sin medida olvidando que la riqueza hay que crearla y que no sale de la nada. Una especie de bacanal generalizada y después vemos.

En ese contexto también es que se inventan las más curiosas teorías económicas como que sostener que el gasto genera riqueza. Es exactamente al revés, la riqueza genera gasto, pero claro, eso implica trabajo y sacrificio, lo cual tantísmos quisieran evitar a como diera lugar.

De ahí surgen los Lula, los Kirchner, los Mujica, los Maduro y en última instancia los Castro del mundo. Para nombrar unos pocos latinoamericanos del tercer milenio que nos toca vivir.

Corrupción, autoritarismo y colapso económico y social parecen ser lo único que han podido aportar los populistas a sus países, a sus sociedades.

En Argentina pareciera que sopla una brisa, aún no es viento, de cambio. Pareciera que los argentinos al fin se cansaron de tanto relajo y pudiera ser que se estén percatando de esa simple realidad de la vida y la economía en cuanto a que no existen los almuerzos gratis.

Si esta tendencia se afirma en esa sociedad tan volátil e inconstante entonces en nuestra región bien podrían generarse no ya brisas sino vientos de cambio en cuanto a la conducción de los países de la zona.

Brasil pareciera emprender un camino parecido. Pudiera ser que el gigante del continente salga del letargo impuesto por su populismo local y que estuviera buscando el camino, que nunca debió dejar, de líder de facto de nuestro continente.

Paraguay que marcada a fuego por sus guerras sólo se permitió un mínimo escarceo con el populismo en sentido estricto, hoy sigue su camino, con tasas de crecimiento asombrosas y lenta pero seguramente un aumento en la calidad de vida de todos sus habitantes. Es lento, difícil y trabajoso pero los paraguayos lo están logrando.

¿Quiénes quedan para atrás entonces? Como no podía ser de otra manera nuestro querido Uruguay. Pareciera que algunos del gobierno actual quisieran que fuéramos una isla de neo-marxismo populista en un mar de gobiernos pragmáticos y libertarios por excelencia.

Es curioso, nuestro país parecería estar viviendo una esquizofrenia política.

Por un lado tenemos una discusión digna de Penélope y su tapiz sobre la firma o no de un tratado de libre comercio con Chile. ¡Si, con Chile! Es completamente absurda y estéril la discusión. Los TLC y todo lo que favorezca el comercio entre países trae prosperidad y evita guerras ya que nadie le gusta pelear con sus clientes. Pero, el Frente Amplio no se puede poner acuerdo. Sí en cambio se ponen de acuerdo a espaldas de la mayoría de los orientales sobre un mega proyecto casi soviético en su escala, que realmente, no se sabe cómo afectará ni la vida económica del país ni en definitiva el entorno en que vivimos los orientales. Pero no es todo, simultáneamente a esto tenemos una Ministra de Industria que recorre el “infierno capitalista” de los yanquis vendiendo a nuestro país, a nuestra sociedad y sus talentos en definitiva como la mejor y más recalcitrante de los capitalistas. Y, debo decir, ¡lo bien que hace!

Ya es tiempo que Uruguay evolucione de sus bases batllistas que sin duda fueron válidas en su tiempo, pero ya no es su tiempo. Los tiempos y el mundo cambiaron y hay que adaptarse a esos cambios o quedar en el camino. No podemos seguir discutiendo la lucha de clases o la teoría de la plus valía. Su tiempo pasó. El mundo, la humanidad interconectada e interdependiente está en otra cosa.

El tercer milenio ha traído un vendaval de cambios en el planeta y seguramente estos seguirán.

En nuestra región sopla una brisa que muy posiblemente se convierta en un vendaval igualmente fuerte de cambios en nuestra región.

O nos adaptamos, o como se decía antes del sur en su conjunto, pasamos a la irrelevancia más absoluta, pasamos a ser un anacronismo histórico rememorando como Proust tiempos pasados y peor, tratando de vivir en ellos. O, nos subimos al barco de los cambios en la región aprovechando el vendaval de cambios que parece acercarse.

Lo cierto es que este modelo de batllismo del siglo pasado combinado con socialismo esquizofrénico que vivimos hoy en día se caerá de su peso.

Es tiempo de buscar alternativas y salir del improductivo e inútil letargo en que estamos.

Se vienen tiempos de hacer más y discursear menos.

Ni siquiera necesitamos inventar nada, solamente copiar lo bueno de los que nos rodean.

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