Dr. Jorge T. Bartesaghi
Dr. Jorge T. Bartesaghi

Muchos uruguayos lo tienen. Y está bien siempre que no hagan depender su futuro de la concreción del mismo.

La ilusión de un mejor destino es saludable siempre que se convierta en el motor del esfuerzo y sacrificio para lograrlo. Pero cuidado cuando esta ilusión sustituye valores esenciales en el camino del desarrollo material y espiritual.

Cuando un golpe de fortuna llega a quien no está preparado para administrarlo se corre el peligro de que se diluyan sus efectos positivos, y a veces, se destruya lo que durante tiempo se luchó por concretar.

El reciente anuncio del gobierno de que en el este del departamento de Paysandú existiría un yacimiento de petróleo provoca en mucho la ilusión de un futuro venturoso que adormece preocupaciones políticas y posterga la atención de temas prioritarios, urgentes e imprescindibles para el desarrollo sustentable de nuestra gente.

Nos sorprende mucho la oportunidad del anuncio en cuanto coincide con circunstancias políticas adversas a la imagen del gobierno. Y nos sorprende porque así ha sucedido en circunstancias parecidas donde anuncios apresurados de esta naturaleza buscaron o lograron neutralizar la atención de la opinión pública preocupada por acciones, omisiones o actitudes del gobierno.

El apresuramiento dejó de lado análisis y estudios imprescindibles para asegurar su viabilidad y garantizar la imprescindible defensa del medio ambiente. Prefirió el impacto de sorpresa e ilusión de la ciudadanía al análisis sereno y mesurado que nos permita tomar decisiones coherentes y sustentables.

Más allá de los estudios, análisis y acciones que deberán cumplirse con seriedad y rigor científico, y sin perjuicio de sus resultados, el gobierno no puede intentar distraer la atención de la ciudadanía de los grandes temas nacionales: educación, seguridad, salud, etc., insuflando la fantasía de que un yacimiento petrolífero puede resolver todos los problemas.

La espectacularidad del anuncio suena más a cortina de humo que esfume la dura realidad por la que atraviesa, en especial las inocultables diferencias de sus sectores y el desprestigio de varios de sus hombres, que al hecho relevante, de significación para el futuro nacional.

Este futuro se forja con un gobierno coherente, esforzado y favorecedor del esfuerzo y sacrificio de sus ciudadanos, y no promoviendo ilusiones y facilismos de su gente.

Esperemos que el petróleo prometido pueda convertirse en realidad y que su uso y manejo colabore con un desarrollo sustentable, pero evitemos también que la espectacularidad de la noticia nos haga soñar con que efectivamente hemos sacado un “5 de oro”.

Huelgan ejemplos de países que, aparentemente bendecidos por esa riqueza natural, han olvidado los verdaderos valores nacionales y hoy pagan duramente sus inevitables consecuencias.

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