Francisco Faig
Francisco Faig

Un partido político no es un club de amigos. Ni siquiera es una organización en donde hay detalladas afinidades intelectuales o políticas en común. Sí hay grandes rasgos, líneas generales, ideas amplias y rumbos colectivos, de pasado y de futuro, compartidos.
Por eso es que en los partidos políticos hay diferencias y es natural que ellas se expresen. Lo importante es que un partido político tenga mecanismos para debatir y dirimir esas diferencias, argumentando posiciones y resolviendo luego qué hacer y cómo con ellas. En concreto: siempre habrá conflictos, lo importante es resolverlos sin rupturas partidarias.

El Partido Nacional (PN) tiene varios sectores con distintas sensibilidades. Tiene a su vez dos grandes liderazgos nacionales surgidos de las últimas elecciones de octubre de 2014, que representan esas varias sensibilidades dentro de las distintas corrientes que los apoyan como candidatos y líderes nacionales.

No hay que preocuparse porque surjan diferencias. Y mucho menos si ellas responden a cuestiones de gobiernos departamentales, porque la organización partidaria y política es tal, que cada departamento es un mundo con sus propios códigos, acuerdos, desencuentros y realidades particulares. Si cada vez que hay un problema partidario en alguno de los departamentos del país, y sobre todo allí donde gobierna el PN que son 12 en total, el asunto se agranda hasta tomar proporciones nacionales, es claro que no hay organización política que pueda soportar semejantes presiones sin quebrarse. Ni en Uruguay ni en ninguna parte del mundo.

La coyuntura política hace que la opinión pública mire con más atención lo que pasa en el PN porque, naturalmente, se lo ve como posible opción de gobierno para 2020. Y en este sentido es también natural que se preste más atención a las desavenencias internas del PN. Como es evidente que hay un clima de unidad esencial a nivel nacional, la mirada se posa sobre cuestiones de gobiernos departamentales. Y es así que pueden encontrarse problemas, algunos graves.

Ahora bien, ¿alcanza eso para deducir que el PN no será capaz de gobernar porque tiene diferencias internas o se llevan mal sus sectores? Obviamente no.

Para los tiempos que se vienen, hay que ser consciente de lo siguiente: no importa cuán grande o pequeño pueda ser el problema o la desavenencia interna del PN. Si la voluntad es encontrar problemas y dificultades para argumentar que todo está mal en el PN, nada podrá cambiar esa voluntad, porque muchas veces quienes están en eso, simplemente, están analizando la realidad con su corazón frenteamplista que procura desprestigiar al PN como opción real, posible y responsable de gobierno. Empiezan a investigar o analizar la coyuntura, con el a priori conceptual de que en el PN hay problemas graves, y terminan encontrando en el PN problemas graves, de forma de ratificar su a priori y de evitarse cualquier disonancia cognitiva.

Voy a un ejemplo concreto para dejarnos de teorías.

En los últimos 10 días de campaña electoral de octubre de 2014, cuando mucha gente de izquierda temía que el FA pudiera perder la mayoría absoluta e incluso perder la elección, el politólogo de izquierda Gerardo Caetano dijo lo siguiente en una entrevista (tomo extractos):

“Aquellos que mantienen una inspiración wilsonista, ¿se sienten tan cómodos votando a Lacalle Pou? El Herrerismo, en su versión anterior o en su versión nueva, se quedó con un Partido que ya no es el Partido de Wilson. Aparece Lacalle Pou, que tiene muchas virtudes políticas pero que en términos ideológicos no creo que signifique algo demasiado distinto (al Herrerismo). Después de diez años de Frente Amplio y de las trasformaciones que el país ha vivido, ¿el liberalismo conservador puede retomar la tarea y construir hacia delante? Yo diría que es muy difícil. Si Lacalle Pou gana, ¿le resultará sencillo armar un gobierno de coalición con Jorge Larrañaga, con quien tiene diferencias?”.

¿Qué estaba haciendo Caetano en esa recta final de campaña? Estaba intentando incidir en la votación de octubre, desde su legitimidad de analista profesional y académico de la vida política del país, en un sentido contrario al PN: daba a entender que el wilsonismo no estaría conforme votando a Lacalle Pou, o que no sería fácil formar gobierno con el sector de Larrañaga. Se estaba dando a entender que por diferencias internas la opción PN no era tan segura, no era tan viable, no daba certezas de gobernabilidad.

En realidad, NADA a esa altura de la campaña dejaba pensar eso, ni por la actitud de los liderazgos ni tampoco por razones ideológicas: el PN había procesado sus diferencias sectoriales y sintetizado un proyecto de acción común. En realidad, era EVIDENTE, para cualquier análisis de buena fe, que había un programa único y que había wilsonistas desperdigados por doquier en el PN.

Concluyo. No digo que no haya diferencias internas en el PN. Tampoco digo que ellas, en algunos casos, no puedan ser consideradas graves. Sí digo que el PN tiene las herramientas, creo que como nunca antes, como para dirimir esas diferencias sin que se procesen rupturas o enfrentamientos que pongan en tela de juicio la capacidad del PN de ser opción responsable de gobierno. Y esa madurez política es algo que debe resaltarse claramente.

Digo finalmente que esta descripción sencilla de la realidad – coyuntura política, y que está al alcance de la vista de cualquiera que se interese un poco y de buena fe en estos asuntos, contradice los análisis de gente que, como Caetano en octubre de 2014 por ejemplo, lo que procura en realidad es evitar, con sus interpretaciones en el fondo terriblemente sesgadas y partidistas, que se perjudique la posibilidad de un triunfo electoral frenteamplista.

Infelizmente, me temo que en los próximos dos años la amplia telaraña de la hegemonía cultural frenteamplista logre con éxito transmitir la sensación que ya Caetano quiso extender en 2014, aunque ella no resulte de un análisis desapasionado, estricto y veraz de la interna del PN.

2 thoughts on “La unidad partidaria y ser opción de gobierno

  1. Muy interesante análisis!
    He estado leyendo últimamente otras notas tuyas.
    Te conocí en nuestra Embajada en París (yo trabajaba allí) cuando tú estabas estudiando en La Sorbonne

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