Por Hana Fischer

Topolansky aptó por darle elsubsidio por medio de un acto administrativo, a pesar de que se le advirtió que era inconstitucional.
Topolansky aptó por darle elsubsidio por medio de un acto administrativo, a pesar de que se le advirtió que era inconstitucional

Desde hace un año y medio, todo lo concerniente al exvicepresidente uruguayo Raúl Sendic le provoca indignación a los ciudadanos. Irritación que se está extendiendo sobre el gobernante Frente Amplio y, en particular, sobre Lucía Topolanski –actual vicepresidenta de la república y esposa de José Mujica– debido a los apoyos que le han estado otorgando.
Asimismo, el affaire Sendic ha permitido observar con claridad algunos de los vicios más relevantes de nuestra democracia. En consecuencia, es una buena ocasión para señalarlos con el fin de que sean corregidos.

Esta historia comenzó en febrero de 2016, cuando una periodista del diario El Observador publicó que “El vicepresidente Raúl Sendic no es lo que él dice ser, ni es como se lo viene presentando hace más de dos décadas: licenciado en Genética Humana por la Universidad de La Habana”. Es más, la periodista descubrió que ni siquiera se había graduado en carrera alguna.

A partir de ese momento, y por varios meses, Sendic estuvo sosteniendo que sí era “licenciado”. Incluso Topolanski salió en su defensa, asegurando que ella “vio” el título. Posiblemente haya sido un “espejismo”, porque finalmente Sendic reconoció que no había culminado sus estudios en Cuba.

Sin embargo, esa supuesta formación universitaria fue la que mencionó el expresidente Mujica al enviar al Parlamento la solicitud de venia para que su “ahijado político” fuera nombrado presidente del directorio de Ancap, la petrolera monopólica estatal.

Frente a ese hecho, uno no puede menos que preguntarse: ¿nadie en el Gobierno chequeó el currículum de Sendic? ¿Qué idoneidad puede tener un licenciado en genética humana (aunque realmente lo sea) para dirigir una petrolera? ¿Es moralmente correcto con respecto al pueblo, que se designe para gestionar a una empresa que mueve cifras millonarias a alguien no calificado para ello? ¿El presidente de la república puede nombrar a quien se le antoje para cualquier cargo?

La falta de capacidad de Sendic para dirigir Ancap tuvo como resultado que la fundió. Ergo, debió se capitalizada por la población –aumento de impuestos y tarifas públicas monopólicas mediante– con USD $800 millones.

A eso hay que agregarle ciertos aspectos “oscuros” de su administración en Ancap, que ameritaron que los cuatro partidos de la oposición realizaran sendas denuncias ante la justicia penal del Crimen Organizado. Actualmente, Sendic está siendo investigado por varios presuntos delitos o irregularidades que habría cometido, entre ellos, por abuso de funciones. “Casualmente”, tanto el MPP –el sector político liderado por Mujica y Topolanski– como el de Sendic pretenden derogar esa figura delictiva.

Otro capítulo de este escándalo surgió a partir de la información brindada por el semanario Búsqueda, en relación con la forma en que Sendic utilizó las tarjetas corporativas de Ancap. En pocas palabras, varias veces usó dineros públicos para financiar gastos privados.

Esta fue la gota que derramó el vaso. Hasta a varios frenteamplistas que hasta entonces lo había estado apoyando en forma acrítica. Entre ellos, el MPP. Incluso el informe del Tribunal de Conducta del Frente Amplio fue lapidario. Allí se señala que el cuadro general de los hechos analizados “no dejan dudas de un modo de proceder inaceptable en la utilización de los dineros públicos” por parte de Sendic.

La sumatoria de estos hechos llevó a que la presión sobre Sendic para que renunciara a la vicepresidencia de la nación fuera en aumento. Hasta el presidente Tabaré Vázquez actuó en esa dirección, al decir públicamente que ante un fallo adverso del Tribunal de Ética del Frente Amplio, él renunciaría.

No obstante, Sendic se mantuvo en sus trece hasta que tuvo una conversación privada con Mujica y Topolanski. ¿Con qué argumentos lo convencieron o qué se negoció allí? No se sabe. Pero lo concreto es que al día siguiente de esa reunión y en forma sorpresiva Sendic renunció.

Entonces se “escribió” un nuevo capítulo de esta historia, que hizo saltar de bronca a los uruguayos: Sendic dimitió ante la Asamblea General. Fue un acto breve porque previamente se había acordado que no habrían discursos para no seguir manchando la reputación de Uruguay.

A las 24 horas de dejar su puesto, Sendic solicitó el subsidio que, según argumentó, le correspondía. La suma asciende a USD $13.000 mensuales y dura un año.

Según establece la Constitución, al renunciar Sendic, Topolanski asume la vicepresidencia. De inmediato se abocó a tramitar el subsidio. Para asesorarse, solicitó tres informes jurídicos para conocer las interpretaciones y antecedentes del tema: uno hecho por los servicios jurídicos de la Cámara de Representantes, otro por los del Senado y un tercero por asesores suyos.

El único categórico a favor de los intereses de Sendic fue el que firmaron los asesores de Topolansky. Y en ese se basó ella para firmar una resolución administrativa otorgándole el pago del subsidio en forma inmediata.

Los otros dos informes, con matices, consideraban que esa decisión debía tomarla la Asamblea General o el Senado. Para ser aprobado era necesaria una mayoría especial de 3/5 votos afirmativos. Como Topolansky sabía que no contaba con ellos, aptó por hacerlo mediante acto administrativo a pesar de que se le advirtió que era inconstitucional.

Para justificar lo hecho, Topolansky afirmó que “es justo que lo reciba […] es como un seguro de paro, como cualquier persona que termina una cuestión laboral y tiene un tiempo, no es más que eso”.

¿Es justo que lo reciba? ¿Es correcto? La opinión pública considera que no… y ¡está que arde! ¿Por qué? Por lo siguiente:

  • El salario medio en Uruguay ronda los USD $700 mensuales.
  • Sendic, desde que gobierna el Frente Amplio en 2005, ocupó altos cargos de Gobierno. Entre ellos la presidencia de Ancap, con un sueldo mensual de alrededor de USD $3.534.
  • Como vicepresidente de la república su sueldo rondó los USD $15.294, más todos los beneficios extras que tal cargo acarrea.

¡Hay que tener rostro para decir que es como un “seguro de desempleo”! Se supone que esa ayuda estatal es para paliar situaciones angustiantes. Pero no parecería ser el caso de alguien como Sendic, que ganaba un dineral.

Por lo visto, se busca estirar un poquito más que viva a costra del dinero de los contribuyentes. ¡Cómo no va a estar furiosa la gente común!

Además, queda la duda de si eso no habrá sido lo que se negoció en la chacra de Mujica para “motivarlo” a renunciar. Porque es evidente que Sendic estaba afectando negativamente la imagen del Frente Amplio y perjudicando sus futuras chances electorales.

Por otra parte, parecería que no hay claridad jurídica sobre si corresponde o no el pago de ese subsidio. En ese caso, estaríamos ante una  “laguna” del derecho. Por consiguiente, hay que actuar por analogía o guiándonos por los principios generales del derecho. Lo más parecido a la situación global de Sendic es la de un funcionario separado de su cargo con retención de haberes, mientras se procesa una investigación administrativa por presunción de mala conducta.

¡Ahí tenemos la respuesta de cómo actuar con respecto a Sendic! Por tanto concluimos que no es correcto que reciba ese subsidio.

Hana Fischer

Panam Post

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