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15.05.15
29.05.15

El Director de Salud de la Intendencia de Montevideo, Pablo Anzalone, escribió en su cuenta de Twitter el 12 de mayo:”el 4% de los niños pasa hambre en Uruguay. Pero nos cuesta decirlo”. Posteriormente realizó las mismas declaraciones a algunos medios de prensa y agregó que se refería a niños de hasta 12 años. También escribió en la red social que hay un “31% de los niños con anemia”, situación que “supera el 40% en los niños entre 3 y 11 meses”.

Al ser consultada por esas declaraciones, la Ministra de Desarrollo Social Marina Arismendi negó de manera categórica que en Uruguay estuviera ocurriendo eso: “No están pasando hambre, porque estaríamos en una omisión absoluta. Nosotros llegamos a esa población, sabemos dónde vive y cómo se llama”.

Sin embargo, el Ministro Danilo Astori convalidó las palabras de Pablo Anzalone durante el llamado a sala que le realizara el Senador Luis Lacalle Pou: “Estamos convencidos que hemos ayudado a mejorar la calidad de vida de la gente. Que falta recorrer camino, sin duda. Que todavía hay niños con hambre, sin duda”.

La encuesta

La Primera Encuesta Nacional de Salud, Nutrición y Desarrollo Infantil dada a conocer el 29 de abril develó que el 41,5% de los niños uruguayos entre 0 y 3 años es víctima de inseguridad alimentaria y el 4,3% padece inseguridad severa. En otras palabras; lo que la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) define como hambre. En los hogares más pobres el 10,7% de los menores de entre 0 y 3 años sufrió inseguridad alimentaria severa. Y en los hogares no pobres, el 2,5%.

El trabajo fue realizado por la Universidad de la República, el Instituto Nacional de Estadística y el programa oficial Uruguay Crece Contigo (UCC).

Para este estudio fueron seleccionados hogares ubicados en áreas urbanas que incluían niños de cero a tres años y que habían sido entrevistados por la Encuesta Continua de Hogares (ECH) del Instituto Nacional de Estadística (INE) entre febrero 2012 y noviembre 2013.

Se entrevistó a 2.265 hogares, los que totalizaron una muestra de 3079 niños menores de 4 años. Es representativa de los hogares con niños menores de 4 años de las áreas urbanas.

La encuesta da cuenta de la situación de la primera infancia con énfasis en su estado nutricional, situación de salud y desarrollo. Abarca aspectos tales como arreglos familiares y de cuidado, la inserción laboral de las madres, el nivel socioeconómico de los hogares, las practicas de crianza y el acceso al sistema de protección social.

Entre los principales resultados de la encuesta se desatacaron las importantes diferencias en términos de ingreso, hacinamiento y clima educativo en los hogares, los cuales determinan contextos muy distintos para el desarrollo infantil. En particular, se mencionó la alta prevalencia del hacinamiento, un 20% de niños que no correside con su padre y casi la mitad de los padres que no correside con sus hijos no realiza ningún aporte económico al hogar de los niños. El 42% de las mujeres dice no haber planeado su embarazo, la amplia mayoría de las mujeres recibe atención médica adecuada durante el embarazo, pero la suplementación con hierro está lejos de ser una práctica universal.

La mayor parte de las mujeres interrumpieron sus estudios antes de tener hijos y quienes aún asistían al sistema educativo dejaron en buena medida de estudiar y no consiguieron retomarlos.
La prevalencia de desnutrición crónica se ubicó entre 4,5 y 5% de los niños. La obesidad alcanzó a entre 9 y 11% de los niños, dependiendo de la edad. Se encontró que el 4,3% de los niños menores de cuatro años viven en hogares que presentan inseguridad alimentaria grave y el 8,9% en hogares con inseguridad moderada. Se constató que la dieta infantil es escasa en frutas, verduras y pescado y excesiva en el consumo de alimentos tipo snack y golosinas. Un 20% de los niños no toma agua para calmar la sed, sino jugos y refrescos.

Otro aspecto llamativo radicó en que, pese a las recomendaciones en contrario, 50% de los hogares agrega sal a los alimentos de los menores de un año.

En relación al desarrollo infantil se observaron peores desempeños por parte de los niños en contextos de menor acceso a recursos.

Con el objetivo de conocer en profundidad las dificultades de las familias para el acceso a una alimentación adecuada se incluyó el estudio de la seguridad alimentaria en la ENDIS.

Según la declaración de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación, “existe seguridad alimentaria cuando todas las personas tienen en todo momento acceso físico y económico a suficientes alimentos inocuos y nutritivos para satisfacer sus necesidades alimenticias y sus preferencias en cuanto a los alimentos a fin de llevar una vida activa y sana”. La inseguridad alimentaria se define como la disponibilidad limitada o incierta de alimentos nutricionalmente adecuados e inocuos; o la capacidad limitada e incierta de adquirir alimentos adecuados en formas socialmente aceptables.

La inseguridad alimentaria

Para la medición de la seguridad alimentaria, según explicaron los investigadores, se aplicó la Escala Latinoamericana y Caribeña de Seguridad Alimentaria (ELCSA), instrumento cualitativo promovido por la FAO. Ese instrumento ya ha sido aplicado en por lo menos veinte países.

La ELCSA incluye un conjunto de quince preguntas que se hacen en hogares integrados por personas adultas y menores de 18 años.

Las preguntas de esta escala incluyen cada uno de los aspectos relacionados a la seguridad alimentaria: la suficiente cantidad y calidad de los alimentos, seguridad y predictibilidad en la adquisición de los mismos, su aceptación social en la manera de adquirirlos, así como la inseguridad alimentaria en el hogar para adultos y niños. Así, el proceso puede entenderse de la siguiente manera “… los hogares experimentan en un comienzo incertidumbre y preocupación en torno al acceso a los alimentos (inseguridad alimentaria leve). Más adelante, dadas las restricciones que experimentan, hacen ajustes en la calidad de los alimentos que consumen, dejando de ingerir una dieta variada (inseguridad alimentaria moderada). Al profundizarse la severidad de la inseguridad alimentaria, los ajustes afectan la cantidad de alimentos consumidos, se disminuyen las raciones que se ingieren o se saltan tiempos de comida y el hambre se hace presente sin que se pueda satisfacer (inseguridad alimentaria grave o severa). Finalmente, cada una de estas dimensiones llega a afectar a los niños, después de que ha afectado a los adultos. Es decir, los niños son protegidos, especialmente por la madre, hasta que la inseguridad alimentaria alcanza niveles de severidad que hacen imposible protegerlos” (extraído de “Escala latinoamericana y caribeña de seguridad alimentaria” (FAO, 1996, pág. 13).

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De la encuesta se desprende el porcentaje de niños menores de cuatro años que viven en hogares en los que los menores de 18 años presentaron alguna vez en los últimos tres meses algún grado de inseguridad alimentaria. El resultado de la aplicación de esa escala en Uruguay dio como resultado inseguridad alimentaria severa en el 4,3% de los hogares, moderada en el 8,9% y leve en el 28,3% de los hogares. El 4,3% equivale a 7926 niños menores de cuatro años en hogares urbanos.

Al analizar los resultados de la ENDIS de la escala de seguridad alimentaria según condición de pobreza y no pobreza se destaca que dentro de los hogares pobres, medidos por método de ingreso, dos de cada tres presenta algún grado de inseguridad alimentaria, siendo los hogares que presentan inseguridad severa entre sus niños el 10,7% .

Embarazos adolescentes no planeados y hacinamiento

Se encontraron importantes diferencias en términos de ingreso, hacinamiento y clima educativo entre los hogares, los cuales determinan contextos muy distintos para el desarrollo infantil. En particular, se encontró una fuerte prevalencia del hacinamiento, con uno de cada cuatro hogares viviendo en estas condiciones. Este valor aumenta al 44,5% al considerar a los hogares bajo la línea de pobreza.

Una proporción muy alta de la fecundidad adolescente corresponde a embarazos no planeados, por lo que es necesario un tratamiento particular de los nacimientos en esa etapa. A efectos de indagar en este aspecto, se procesó información del 2012, constatándose que los nacimientos no planeados se relacionan con el fracaso de métodos de barrera como el preservativo (32%) y hormonales, como las pastillas anticonceptivas (24%), mientras que otros métodos muestran niveles de fracaso muy bajos.

Por otra parte, si bien el 42% que dice haber cursado un embarazo no planeado, también declara no haber usado métodos anticonceptivos para impedirlo.

Una proporción significativa de los embarazos que dieron lugar al nacimiento de los niños incluidos en el panel no fueron planeados. Ello surge en un marco de acceso a los métodos anticonceptivos: tanto entre las mujeres que conforman la población de la ENDIS, como otros estudios recientes, los niveles de conocimiento y uso de métodos anticonceptivos son muy altos. La coexistencia de una alta proporción de hijos de embarazos no planeados con un alto uso de métodos anticonceptivos modernos sugiere que es necesario estudiar mejor sus determinantes así como las políticas existentes en varios sentidos, abarcando, entre otros aspectos, formas de uso, el nuevo contexto legal y las decisiones en el curso de vida y reproductivas. Ello es especialmente importante en el marco de los contextos sociales más desfavorecidos, pues es allí donde se concentran los nacimientos de embarazos no planeados.

La amplia mayoría de las mujeres recibe atención médica adecuada durante la gestación: el número de embarazos no controlados que se registró en la encuesta es inferior al 1%. Sin embargo, al comparar las características sociales de las mujeres tomando este umbral, se observan diferencias según la condición social y la situación familiar de las encuestadas. Si bien el hábito de fumar y tomar alcohol durante el embarazo se reduce a un grupo relativamente pequeño de mujeres (16 y 14% respectivamente), su presencia es mucho mayor entre las madres adolescentes, las mujeres pobres y las de menor educación. Dado que todas estas características se relacionan entre sí, según los técnicos es necesario estudiar con mayor profundidad cómo afecta cada una de ellas la probabilidad de fumar o tomar alcohol durante el embarazo.

El consumo de suplementos recomendados durante el embarazo (hierro y ácido fólico) está lejos de ser una práctica universal. De acuerdo a los datos de la ENDIS el 39% de las encuestadas recibió ambos suplementos y una parte de ellas lo hizo solo durante algunos meses. Entre las mujeres que realizaron menos de nueve consultas prenatales, la proporción se reduce a 22% y es significativamente menor entre las mujeres que se atienden en el sector público respecto a las que se controlan en instituciones privadas.

La inequidad de los planes sociales

Según la Primera Encuesta Nacional de Salud, Nutrición y Desarrollo Infantil el acceso de los hogares contemplados en el estudio a los planes sociales se distribuye de la siguiente manera:

-  Asignaciones Familiares (AFAM) alcanza al 57.3% de los niños entrevistados; en los tres quintiles más bajos abarca al menos al 75%

- Tarjeta Uruguay Social (TUS) cubre al 13% de los niños incluidos en la muestra, 40% en el primer quintil, 34.1% en hogares bajo la línea de pobreza y 48.8% en hogares bajo la línea de indigencia.

- Uruguay Crece Contigo (UCC). Cobertura estimada: 4.456 niños. En el quintil más bajo cubre 10%.

- Cercanías (MIDES). Alcanza al 9% en primer quintil y 4% de los hogares del segundo quintil. Cubre al 5% en hogares bajo la línea de pobreza.

De acuerdo a la información disponible en la página Web del Ministerio de Desarrollo Social (MIDES), todas “las embarazadas (prenatal), los niños y adolescentes menores de 18 años, que integran hogares en situación de vulnerabilidad socioeconómica” deben cobrar las AFAM. El trámite lo tienen que realizar las familias a través de este Ministerio o del Banco de Previsión Social (BPS). Sin embargo, la cobertura de las Asignaciones Familiares está por debajo de la población que debería recibirla.

La Tarjeta Uruguay Social depende del MIDES, del Ministerio de Salud Pública (MSP) y de la Administración de Servicios de Salud del Estado (ASSE), y su “objetivo principal es permitir que las personas más desprotegidas accedan a los productos de la canasta básica y tengan la posibilidad de seleccionar de acuerdo a sus necesidades y a las características de su núcleo familiar”. No obstante el nivel de llegada de esta prestación también es menor de lo que corresponde.

En términos de inseguridad alimenticia el estudio señala que “la cobertura correspondió al 36% de los hogares con inseguridad severa. Esto significa que los hogares de más de 5.000 niños uruguayos que padecen hambre no reciben esa prestación. En los niños con inseguridad alimenticia moderada la tarjeta llega al 32,6% y con inseguridad leve al 18%.

En otras palabras, según la encuesta, las tarjetas Uruguay Social y Asignaciones Familiares abarcan el 86% de los hogares más pobres y sólo al 83,8% de los hogares donde se encuentran menores con inseguridad alimentaria severa.

En el caso del programa Cercanías, el objetivo es “fortalecer las capacidades familiares llegando a treinta mil hogares en situación de vulnerabilidad y pobreza extrema para asegurarles el acceso a prestaciones sociales”. Es una iniciativa del MIDES, el Ministerio de Vivienda, el INAU, la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) y ASSE. Alcanza a 5,8% de los niños en condición de pobreza y a 17% de los hogares con inseguridad alimenticia severa.

A esta prestación más de 6.500 menores entre 0 y 3 tampoco acceden.

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